sábado, 12 de agosto de 2017

9480. UN SUAVE VIENTO ACARICIA MI PIEL.

Reporte Z.

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI



Un suave viento acaricia mi piel.

Yo temblaba al mirarte, yo temblaba como tiemblan las ramas reflejadas en el agua movida por el viento. Silvina Ocampo. (1903-1993) Escritora argentina.

La primera lectura de la liturgia católica de este domingo es  del Primer Libro de los Reyes, la copio para que disfruten de su belleza:

“Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo: "Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar". Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva”.

Mientras leo escucho en la radio una canción de José Luis Perales: “Dime, porque la gente no sonríe, porque las armas en las manos, porque los hombres mal heridos. Dime por qué los niños maltratados, por qué los viejos olvidados, por qué los sueños prohibidos.  Dímelo Dios quiero saber, dime porqué te niegas a escuchar, aún queda alguien que tal vez lo sabrá, dímelo Dios quiero saber, donde se encuentra toda la verdad…”

Preguntas y más preguntas y el silencio como respuesta, ¿será verdad que Dios nos ha dejado solos?, una pregunta que expresa el desaliento que a veces nos llega y que Perales expresa en la canción mencionada. ¿Porque nos has dejado solos en manos de locos desalmados, corruptos insensibles?

Pienso en mi compañero Sergio Rodríguez cuyos artículos leo con mucho gusto cada viernes y que se encuentra hospitalizado, seguro él no se siente solo, cobijado por sus hijos y su esposa, sigue adelante en esta dura prueba que la vida le ha puesto. A veces pido a Dios que lo fortalezca, que lo ayude a superar esta dura prueba, pero no sé si Dios me escucha.

Parece que el mundo se dirige a su destrucción y nuestros problemas, nuestras pequeñas historias no son nada ante el poder de sujetos como el loco Trump que amenaza con arrasar a Norcorea con una lluvia de bombas atómicas cuyo poder destructivo es mil veces mayor al de las bombas que se lanzaron en Hirosima y Nagasaki.

¿Por qué nos has dejado solos?

Algunos iluminados afirman que el mismísimo Dios les habla, los elige como canales privilegiados, les dicta libros y les anuncia lo que vendrá en los próximos años, y los demás ¿qué? Tal vez Dios se cansó y decidió callar ante la necedad del hombre, tal vez Dios se olvidó definitivamente de los terrícolas, tal vez realmente estamos solos.

Todas estas tristes reflexiones ensombrecen mi día, un día nublado, lluvioso, en el que la luz del sol no se ha asomado, tal vez es sólo el clima, la depresión y la tristeza que se expanden en un planeta que vaga sin rumbo en un universo infinito.

Es de noche, una suave lluvia cae del cielo, silenciosamente, pero aun así, el murmullo de la lluvia crea una música que lo llena todo. Pienso en el ser que más me ha querido, en mi madre, y de pronto, sin razón aparente, una suave brisa acaricia mis mejillas, ¿eres tú madre, que me dices de esta forma que estás conmigo? ¿Eres tú Señor que me dices sutilmente que no pierda la esperanza en el hombre?

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