martes, 8 de agosto de 2017

9557. EN DEFENSA DE LA TIERRA.

Reporte Z.

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI




En defensa de la Tierra.

“Ellos heredan la defensa de la tierra, que es la defensa de la cultura y de la vida”.

Un brigadista de la comunidad de Milta Alta, a los jóvenes y niños que lo acompañan.

Las palabras de Hermann Bellinghausen y las fotos de Carlos Ramos Mamahua, reporteros de La Jornada, el domingo pasado nos recordaron la existencia de un pueblo ejemplar: Milpa Alta. El artículo lleva a la reflexión y a la conclusión de que otro mundo es posible y ese mundo posible ya existe y palpita muy cerca de nosotros, pero sufre el acoso del sistema neoliberal y sus partidos políticos. Milpa Alta es un ejemplo más de que la liberación de los pueblos es posible y de que los pueblos sin partidos políticos se gobiernan mejora través de la democracia directa, a pesar de que en Milta Alta no se han podido liberar totalmente de la influencia negativa de los partidos políticos, existen otros ejemplos de los beneficios de gobernar sin la nefasta partidocracia, como Cherán, en Michoacán.

La democracia directa es una forma de gobierno que viene desde tiempos ancestrales, los momoxcas son de origen nahua y lo mismo que el resto de las comunidades que forman Milpa Alta: “han logrado sobrevivir al imperio azteca, al cual pertenecieron como señorío; permanece durante la violenta conquista, la Colonia, la Independencia, la Reforma, la Revolución y el siglo XX, hasta la actual etapa de demolición nacional en aras del libre mercado y la venta del suelo y la soberanía como proyecto explícito del Estado. ¿Cómo explicar su duración?”.

La pregunta de Bellinghausen es esencial, para plantear una respuesta hay que saber que: “La comunidad nahua de Milpa Alta, conformada por nueve pueblos cuyos orígenes se remontan al siglo XII y han habitado el mismo suelo desde entonces, se encuentra a las puertas de la urbe capitalina y ahora, en lo que ven como imposición antidemocrática, son parte sin su consentimiento de la entidad rebautizada Ciudad de México”. Los nueve pueblos son: Ozotepec, Atocpan, Ohtenco, Tecoxpa, Miacatlán, Tepenáhuac, Tlacotenco, Tlacoyucan y Villa Milpa Alta.

Bellighausen nos cuenta que Milta Alta (en lengua nahua Malacachtepec Momoxco), es la única delegación rural de la CDMX e incluye varios pueblos indígenas para conformar la mayor comunidad urbana del planeta con esas características (ocupa la quinta parte de la CDMX), los gobiernos comunales en donde la asamblea popular son la máxima autoridad aunque coexisten o sobreviven con partidos políticos, como el PRI y PRD, pero las asambleas coordinan y mantienen la seguridad pública, lo que explica que Milta Alta no registra índices de violencia como los que tienen ciudades o delegaciones colindantes de los Estados de México, Morelos y Tláuhac, dominio del finado Ojos y sus cómplices.

Los habitantes de Milta Alta cuidan sus bosques, milpas, sembradíos, caminos, de ahí se alimentan, además no han permitido asentarse en su territorio a las cadenas trasnacionales como Walmart, Oxxo, Elektra, Chedrahui, prefieren prevenir así que se alimentan de maíz, frijol, habas, ajo, hierbas medicinales, frutas y hortalizas que ellos mismos cultivan; en la comunidad sigue viva la medicina tradicional con sus diversas alternativas no farmacéuticas.

Los comuneros de Milta Alta “viven en paz y en resistencia”, dice Bellinghausen, resistencia como oponerse firmemente: “al proyecto de cruzar transversalmente su territorio de bosques y campos de cultivo con una autopista de seis carriles, la Arco Sur. Defienden su agua, sus bosques y un modo de vida que el abrumado habitante urbano bien podría envidiar”.

Parte fundamental del artículo es la lucha legal contra la partidocracia representada en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México (ALCDMX) que trata de destruir al sistema comunitario o comunal imponiendo la propiedad privada y eliminando de la legislación la propiedad comunal:

“La principal batalla jurídica de la comunidad es contra la Constitución de la Ciudad de México. Don Francisco Pastrana, del equipo jurídico de Julián Flores, expone: “No podemos aceptar una Constitución que no reconoce la propiedad de la tierra comunal ni el patrimonio propio y colectivo. Su artículo 3 señala como ‘principio de la ciudad’ el respeto a la propiedad privada y no a la comunal y ejidal: una aberración”.

“Para ilustrar el tamaño del problema, don Francisco precisa que 48 por ciento del suelo en la Ciudad de México es propiedad comunal de los pueblos que las habitan, una parte menor es ejidal. La entidad capitalina abarca 148 mil hectáreas, de las cuales 72 mil son legítimamente indígenas. Tan sólo Milpa Alta ocupa una quinta parte de la denominada Ciudad de México. Casi otro tanto corresponde a los pueblos de Tlalpan y, con menor extensión, Xochimilco, Tláhuac, Cuajimalpa, Magdalena Contreras y Álvaro Obregón”.

“La redacción de la Constitución fue antidemocrática, de corte neoliberal. Limita y niega derechos de los pueblos. La ciudad ‘requiere’ nuestras tierras. Somos un ‘obstáculo’ para los planes de inversión”, señala don Francisco”.

“Otro joven interviene: El 30 de diciembre vinieron a hacer aquí una pantomima de consulta de la Asamblea Constituyente. Pretendían que avaláramos su Constitución. Ya teníamos nuestro juicio de amparo, así que la rechazamos y se quemó la papelería. Cuatro semanas después la Asamblea Constituyente aprobó la ley y la remitió al jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, quien la publicó el 5 de febrero de 2017”.

Hasta aquí la cita de Bellinhausen, la realidad es que los comuneros e indígenas de los nueves pueblos Ozotepec, Atocpan, Ohtenco, Tecoxpa, Miacatlán, Tepenáhuac, Tlacotenco, Tlacoyucan y Villa Milpa Alta, se defienden legalmente el ataque que representa la eliminación de la propiedad comunal, resisten porque saben que es un ataque del sistema neoliberal impuesto por los partidos políticos, un ataque contra la base misma de su existencia: la propiedad comunal, el espíritu comunitario y la defensa de la Tierra que lo sustenta.

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