viernes, 13 de abril de 2018

10,533. NUESTRO IMBATIBLE CHESCO.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Francisco Ortiz Pinchetti.
SinEmbargo. Abril 13, 201812:02am.

Todos los productores de bebidas con azúcar deben cubrir un gravamen adicional de un peso por cada litro de bebidas, que finalmente paga el consumidor, con el objetivo de desalentar el consumo y contribuir así al combate contra la obesidad. Foto: Cuartoscuro.

Preocupa de veras el dato publicado apenas esta semana de que el consumo de refrescos en nuestro país aumentó a pesar de los impuestos especiales aplicados desde hace cuatro años a las bebidas azucaradas. Y México, mientras tanto, sigue siendo líder en obesidad infantil y segundo lugar en los índices de la enfermedad entre población mayor de 15 años de edad.

A partir de enero de 2014, todos los productores de bebidas con azúcar deben cubrir un gravamen adicional de un peso por cada litro de bebidas, que finalmente paga el consumidor, con el objetivo de desalentar el consumo y contribuir así al combate contra la obesidad. Y vaya chasco.

Ahora nos enteramos por la propia Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas (ANPRAC) que no ocurrió así y que si bien en ese 2014 tuvieron una ligera caída, en los años posteriores… ¡se recuperaron!

Así lo confirman los informes financieros de las propias empresas recogidas hace dos días por el diario Reforma. Arca Continental, por ejemplo, registró en territorio mexicano un volumen de ventas en 2014 por 752.4 millones de cajas unidad y al cierre del año pasado fueron 846.3; es decir, tuvo un incremento de 12.5 por ciento. En tanto que el volumen de Coca-Cola Femsa pasó en similar periodo de mil 266.8 millones de cajas unidad a mil 346 millones, lo que significó un crecimiento del 6.2 por ciento.

Claro, los impuestos generados por esta industria entre 2014 y 2017 representaron ingresos impresionantes de unos 100 mil millones de pesos a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Sólo el año pasado, ojo, se recaudaron 23 mil 162 millones de pesos provenientes del famoso Impuesto Especial de un peso por litro a bebidas azucaradas.

Al fisco le fue bien, sin duda; pero la medida encaminada a reducir el consumo de refrescos en nuestro país ha resultado un fracaso, como lo vaticinaron en su momento algunos especialistas, a los que por cierto se tildó de estar al servicio, cómplices, de los refresqueros asesinos. Ahora los activistas de la lucha contra los chescos exigen que el mentado gravamen se eleve a dos pesos por litro…

Lo grave es que los índices de sobrepeso y obesidad en nuestro país no disminuyen un ápice. Un reciente informe divulgado por la BBC confirma que México sigue ocupando el primer lugar mundial en cuanto a obesidad infantil y el segundo a nivel de población adolescente y adulta.

La agencia británica recogió un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), compuesta por 35 países, realizó un estudio sobre este tema. Calcularon el Índice de Masa Corporal (IMC) en diferentes países utilizando estimaciones de altura y peso a través de encuestas y datos “medidos” durante exámenes de salud.

Y confirmaron que Estados Unidos es el país que encabeza la lista, con el 38.2 por ciento de la población mayor de 15 años con obesidad. México ocupa el segundo lugar con el 32.4 por ciento de la población y Nueva Zelanda le sigue, con el 30.7 por ciento. En cuanto a la población infantil se encontró que aproximadamente el 13 ciento de los niños mexicanos son obesos y el 35 por ciento están clasificados con sobrepeso, datos que confirman el liderazgo mundial de nuestro país en este segmento.

El problema de fondo a mi entender siguen siendo los hábitos alimentarios ancestrales de los mexicanos, a los que se ha venido a sumar en las décadas recientes la aportación insana de las bebidas con azúcar o fructuosa y el consumo masivo de los mal llamados “alimentos chatarra”. El ingrediente fundamental de la gordura que nos aqueja, sin embargo, es el consumo cotidiano de alimentos ricos de carbohidratos y grasas y bajos en fibra, muchos de ellos profundamente arraigados a nuestra cultura culinaria, a la que no es ajena la pobreza.

Alguna vez me atreví a poner en este espacio, como ejemplo de lo anterior, una comparación somera entre el contenido calorífico de la popularísima y mexicanísima torta de tamal, la guajolota, y algunas bebidas y alimentos procesados. Este es el dato central: según estudios de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), mientras una botella o lata de coca cola regular de 350 mililitros tiene 148 calorías, un tamal de 100 gramos aporta 850 calorías. Si a ello le sumamos las 100 calorías del bolillo y las 180 del atole, infaltable acompañante de la torta de tamal, tenemos un consumo conjunto de mil 130 calorías. En comparación, un Gansito Marinela tiene 196 calorías, un Submarino, 129 y una bolsa de papas Sabritas de 450 gramos, 235. Casi me linchan algunos.
No es alentador enterarnos que el “castigo” adicional que los mexicanos tienen que pagar cada vez que consumen un refresco no ha servido para inhibir nuestro imbatible gusto por esas bebidas azucaradas que, querámoslo o no, son acompañantes inevitables de la comida casera mexicana. Aunque no nos guste. Válgame.

@fopinchetti

Por Francisco Ortiz Pinchetti.

Fue reportero de Excélsior. Fundador del semanario Proceso, donde fue reportero, editor de asuntos especiales y codirector. Es director del periódico Libre en el Sur y del sitio www.libreenelsur.mx. Autor de De pueblo en pueblo (Océano, 2000) y coautor de El Fenómeno Fox (Planeta, 2001).

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