lunes, 30 de abril de 2018

10,589. JOROBADOS.


LA FERIA

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

Jorobados.
Tío Tito era un ancianito bonachón (hermano mayor de la abuela Virgen, la materno-toluqueña). Igual lo ponían junto a la estufa a cuidar que no se tirara la leche (sí, se hervía la leche, fíjese nomás), que lo mandaban a cuidar a los niños al parque (le pedíamos “caballito” y se dejaba montar). Ya después se vino a enterar el del teclado, de la vida y fama de tío Tito: de joven fue atravesado y valentón, se fue a la Revolución y regresó hecho un macho matrero; de soltero no dejó de aquellos campos ni una flor y de casado fue brusco y mandón… sí, pero se fue haciendo mayor, se le empezó a subir a las barbas su mujer, luego los hijos; todos le fueron perdiendo el miedo y después el respeto gracias a todas las cuentas pendientes que tenía… y acabó siendo, tío Tito, el que se dejaba montar.

Cualquier tenochca mayorcito sabe lo que era el pricámbrico clásico, digamos el de tiempos del presidente Ruiz Cortines (1952-1958), aunque con López Portillo (1976-1982), el régimen gozaba aún de cabal salud.

Al régimen lo llamábamos “el sistema”, le voy a decir por qué… no lo sé.

Eso sí, tenía características únicas, que llamaban la atención de políticos de otros países. Por un lado: salvo excepciones, todos los habitantes de ese México, sabíamos que no existían la prensa libre, ni las elecciones, ni pintaban los partidos políticos de oposición; que todos los diputados, senadores, gobernadores y alcaldes, eran del PRI. Se imprimían y vendían periódicos y revistas, había noticieros en la radio y en la rudimentaria televisión de la época, pero nadie suponía que se iba a enterar de nada, faltaba más. Se hacían elecciones y algunos votaban, pero nadie suponía que los votos se contaran (¿cómo para qué?). Había panistas, oficialmente opositores que tenían clarísimo hasta dónde podían llegar (apenas a la punta de sus narices). Hasta 1976 empezó a haber diputados de oposición, conservando el PRI la absoluta mayoría, y el primer gobernador no priísta fue hasta 1989, Ruffo Appel -en Baja California-, y fue una noticia de ¡y retiemble en sus centros!

Por otro lado: si usted no se metía de agitador, de guerrillero ni escribía en las paredes mentadas de madre contra el Presidente, nadie se metía con usted y en términos generales, la vida era apacible, a condición de que no se le olvidara nunca que no tenía derechos y que el gobierno era dador de toda gracia. También era recomendable no olvidar que el gobierno (quién sabe cómo), parecía enterarse de todo, siempre y por eso lo mejor era no hablar de política (y no se hablaba).

Otra característica tenía “el sistema”: los presidentes hablaban poco, se dejaban ver poco, oían menos (salvo excepciones), y eran como seres mitológicos que jamás se equivocaban y obraban milagros. Y eran más seriecitos, por cierto.

“El sistema” era presidencialista y el régimen era el del “nacionalismo revolucionario”; envejeció mal y se fue debilitando, fue cediendo terreno para que no estallara el país y  para congraciarse con el tío Sam, que exigía que se cubrieran las apariencias democráticas, porque se ponía unas quemadas espantosas apoyando a un régimen que las malas lenguas (del extranjero), llamaban autoritario, despótico y “dictadura perfecta”.

Ahora que ya todo mundo puede decir y dice lo que le pega la gana sin consecuencias, parece una bobada que le hayan puesto la etiqueta de “dictadura perfecta” al régimen, pero cuando Mario Vargas Llosa lo calificó  así, hubo casi un terremoto. Fue el jueves 30 de agosto de 1990, en un debate televisado que organizó la revista “Vuelta” de Octavio Paz, llamado “El siglo XX: la experiencia de la libertad”, para hablar de los gobiernos de Europa del Este, entonces comunista; lo que dijo fue: “México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México”… Octavio Paz, muy molesto, le respondió diciendo “como escritor e intelectual prefiero la precisión. Primero: lo de México no es dictadura, es un sistema hegemónico de dominación, donde no han existido dictaduras militares. Hemos padecido la dominación hegemónica de un partido. Esta es una distinción fundamental y esencial”… bueno, eso se le ocurrió decir y en la sede central del PRI gritaban histéricos: ¡no nos ayude don Tavo!

Así, ya muy achacoso el “sistema” fue que llegamos a Ernesto Zedillo (presidente no priísta que dijo que era priísta porque iba a ser Presidente de parte del PRI), luego… bueno, ya sabe: Fox, Calderón, Peña Nieto y (según cierta prensa que nos quiere convencer de que el Pejesús ya casi aposenta sus sagradas nalgas en La Silla), el retorno de los brujos que la parte menos insensata de la ciudadanía espera exorcice José Antonio Meade, quien por encima de sus habilidades profesionales fuera de duda, llena el primero y principal requisito para gobernar: es gente decente (y los de su primer círculo, también), que el problema nacional no es económico sino ético (y si el Pejesús de verdad fuera el santo varón que él pregona ser, no despreciaría la decencia como requerimiento esencial para bien gobernar, ni andaría con la pandilla modelo Bejarano con que anda).

Los pregoneros del Pejecutor patrio, suponen que nadie recuerda lo que era el “sistema” y los jóvenes… bueno, esos no saben lo que van a disfrutar el presidencialismo del más antiguo Galván, autoritario, pero de parte del pueblo y por su bien, como antes, razón por la que aspira a reinstalar la estructura de Estado y la economía de Lázaro Cárdenas Sucesores, Sociedad Política de Responsabilidad Limitada (e instituciones derivadas que hoy ya no sirven para nada).

Pero lo peor es que a querer o no, don Pejeremías nos heredaría un régimen de oportunistas, amigos, hijos, ahijados y fanáticos, que tendrían el poder sin haber siquiera echado mucha baba para cautivar incautos.

Para que el Pejehová gobernara como dice que haría, el mundo tendría que ajustarse a sus ocurrencias… pero Dios, lástima, no concede caprichos ni endereza jorobados.

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