viernes, 4 de mayo de 2018

10,614. FANATISMO ANTI-AMLO.

Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Antonio Salgado Borge.
SinEmbargo.
Mayo 04, 2018. 12:00am.

“Una vocación común entre los fanáticos anti-AMLO es la vocación de profeta. Para ellos, México se acerca a su fin al ritmo en que AMLO se acerca a la presidencia”. Foto: Especial.

Mucho se ha criticado, en ocasiones con razón, el fanatismo de algunos adoradores de AMLO o su probada incapacidad de ver o de cuestionar algunas de las decisiones impresentables de su candidato. Sin embargo, si de fanatismo de trata, desde hace algunas semanas son los fanáticos anti-AMLO quienes van ganando la partida.

Entre los fanáticos pro-AMLO y los fanáticos anti-AMLO hay, además de su calidad de fanáticos, una coincidencia fundamental: para ambos, AMLO es poco más que una caricatura. Sin embargo, mientras que el AMLO de los primeros es un iluminado incapaz de cometer errores o corromperse, el AMLO de los segundos es una suerte de ensamble de peligros; una pesadilla escalofriante construida gracias a asociaciones tramposas con Hugo Chávez o Fidel Castro, y al empleo ignorante -normalmente sustentado en contenido chatarra- de términos como izquierda, progresismo, socialismo, comunismo y, no es broma, nacionalsocialismo.

Una vocación común entre los fanáticos anti-AMLO es la vocación de profeta. Para ellos, México se acerca a su fin al ritmo en que AMLO se acerca a la presidencia. Si no nos arrepentimos y retiramos el voto a AMLO masivamente, si no nos unimos en su contra, AMLO no sólo nos llevará a perder nuestros frágiles avances en democracia o en libertades, sino que terminará refundiendo a México en una dictadura como la venezolana. ¿Por qué? Porque AMLO está fuera de control; es un fanático comandando un ejército de fanáticos. Si los fanáticos anti-AMLO saben esto es porque les ha sido revelado. Y, como en toda buena revelación -clara y distinta-, lo importante no es su justificación sino su transmisión a aquellos que, miserables, no alcanzan a ver más allá de lo que las evidencias entendidas como cadenas causales pueden ofrecer. Dado que pocos académicos, especialistas o periodistas alcanzan a ver que el fin de los tiempos está cerca, es tarea de todo quien ha visto los peligros del fanatismo pro-AMLO hacer notar estos peligros.

Pero el fanatismo anti-AMLO no resiste la más mínima prueba. Por principio de cuentas, algo no huele bien cuando se intenta combatir el fanatismo por medio del fanatismo. Y es que el fanatismo no requiere de la adoración a un líder o a una ideología; el fanatismo requiere únicamente de una mezcla conformada por apasionamiento y desmesura. 

Y desmesurado es sustituir la crítica desde la razón y el conocimiento por un torrente de memes, videos editados o contenidos chatarra con tal de profetizar la importancia de aniquilar a la caricatura odiada. Es decir, fanático anti-AMLO no es quien critica o se opone a las ideas del candidato de Morena, sino quien lo hace obsesivamente a partir de la sinrazón o la mentira.

Es sensato suponer que un buen número de fanáticos anti-AMLO no reconocen su calidad de fanáticos. Esta inconsciencia abre la puerta a la posibilidad de que, una vez conscientes, decidan dejar de ser fanáticos. ¡Si todo fuera tan fácil! Convencer a un fanático anti-AMLO de que lo es puede llegar a ser una misión casi imposible. No podría ser diferente. 

Los fanáticos anti-AMLO no son capaces de reconocerse como tales en el espejo. Así, autoencumbrados gracias a la desvergüenza que suele licenciar la ignorancia, éstos condenan, de arriba hacia abajo, al fanatismo de los adoradores de AMLO.

Ante el fanatismo anti-AMLO, uno siempre podría encogerse de hombros u optar por mirar hacia otro lado. La tentación es grande y, finalmente, se puede argumentar, con razón, que los fanáticos anti-AMLO poco pueden hacer para alterar el curso de la elección y que no es no es tan complicado soportar dos meses de charadas, como videos editados donde AMLO apenas puede hablar español o donde su voz ha sido doblada.

Sin embargo, ignorar a estos fanáticos sería un error, pues ello implicaría no ver que el fanatismo anti-AMLO no es un fenómeno inocuo o uno que desaparecerá corto plazo. Si el caso de los fanáticos anti-AMLO merece especial atención en este momento es porque su desmesura aumenta conforme AMLO se acerca a la presidencia y porque esta desmesura, al menos durante los siguientes seis años, no se irá a ninguna parte.

La desmesura del fanatismo anti-AMLO ha llegado a un punto donde todo lo que pueda ayudar a destruir al “peligro para México” puede ser considerado aceptable. Pero, paradójicamente, es la caricatura de AMLO como peligro para México -y no el AMLO de carne y hueso- lo que empieza a tomar la forma de un verdadero peligro para México. Para ser claro, si bien los fanáticos anti-AMLO -lamento el spoiler- no podrán impedir que AMLO gane la presidencia el primero de julio, el problema que tenemos entre manos trasciende la elección de este año: si algo es verdaderamente peligroso, temido u odiado, su aniquilación justifica descartar principios que normalmente consideramos innegociables, como la verdad, el respeto a la ley o la democracia.

Para ver por qué, consideremos que uno de los síntomas más visibles de la desmesura que caracteriza al fanatismo anti-AMLO es su disposición a difundir impúdicamente contenidos falsos o a realizar contorsiones vergonzantes con tal de no reconocer públicamente cuando sus fuentes o contenidos han sido identificadas como chatarra. Así, los fanáticos anti-AMLO suelen recurrir lo mismo a teorías de conspiración que a pretextos que insultan la inteligencia con tal de aferrarse a las mentiras difundidas.

Por ejemplo, desde hace algunos días circula en Whatsapp y en Facebook un supuesto poster promocional de una supuesta serie sobre populismo que supuestamente sería transmitida por NatGeo. El vínculo con NatGeo resultó ser falso, pues esta empresa desmintió que tuviera en sus planes la serie en cuestión. La productora mexicana también resultó ser un fiasco. Sin embargo, esto no ha sido suficiente para impedir que algunos fanáticos anti-AMLO sigan circulando la imagen. Cuando se les pregunta por qué siguen esparciendo una mentira, unos responden que no importa que alguien haya diseñado el poster para engañar ni la contradicción que implica que NatGeo no esté involucrada pero que su logo se mantenga. 

El disparate puede tomar la forma de una teoría de conspiración que cuenta que la serie sí estaba planeada por NatGeo o por una productora -que también resultó un fiasco- mexicana, pero que la censura de AMLO la sacó del mercado. Todavía no es presidente, y el poder de AMLO, ese intolerante-chavista-castrista, ya doblega corporaciones internacionales o empresas nacionales. Otros defienden que el poster no implica ninguna mentira, pues la serie supuestamente puede ser real, aunque ni el logo, ni la productora lo sean. 

Esto es, claramente, un sinsentido: el poster es una conjunción que implica, entre otras cosas, un logo de NatGeo; como toda conjunción, basta con que una de las proposiciones sea falsa para que toda la conjunción sea falsa. En todo caso, ¿por qué optar por reinterpretar y difundir como válido algo que ha sido elaborado con la única intención de mentir?

Este tipo de casos abundan y muestran que a algunos fanáticos anti-AMLO les tiene sin cuidado la propagación una mentira con tal de transmitir lo que les ha sido revelado. Estos fanáticos no pueden o no quiere ver que, en nuestro tiempo, compartir mentiras en internet no sólo implica exhibirse como mentiroso, sino que implica también una irresponsabilidad mayúscula. Es bien sabido que la difusión de contenidos falsos en redes sociales es una de las causas que ha puesto a algunas democracias occidentales en jaque en los últimos años. Pero esto no es algo que preocupe a los fanáticos anti-AMLO; para ellos, la verdad y la democracia son secundarias cuando lo que está en juego es evitar que la caricatura temida rinda protesta ante el Congreso.

Imaginemos un escenario límite. Supongamos que lo logran: milagrosamente, los fanáticos anti-AMLO, de pronto y contra todo pronóstico, se multiplican; sus memes tienen un efecto demoledor y millones de mexicanos se sienten súbitamente convencidos por contenidos chatarra, como el video titulado “Papa responde a López Obrador”. Es más, la cantidad de conversos es tal, que Ricardo Anaya o, ya que estamos en esto – ¿por qué no? -, José Antonio Meade logran acercarse a AMLO en las encuestas. Hasta aquí, la misión de los fanáticos anti-AMLO no estaría aún cumplida; AMLO aún sería presidente y, tal como les enseña su revelación, el fin de los tiempos haría iniciado.

Ahora bien, el anterior escenario sería oro molido para quien deseen operar un fraude -no es lo mismo operar un fraude cuando la distancia entre el primero y el segundo lugar es de 18 puntos que cuando es, supongamos, de 3-. Ahora imaginemos que este fraude ocurre. La pregunta obligada es: ¿cuántos fanáticos anti-AMLO lo condenarían? Los más radicales incluso podrían llegar a celebrarlo. Finalmente, un fraude electoral se antoja poca cosa si con éste nos salvamos de un inminente apocalipsis venezolano. Pero si este fuera el caso, su estrategia para detener el peligro nos habría dejado encaminados hacia un escenario muy parecido al que se critica y sería más dañina para el país que el triunfo de cualquiera de los tres candidatos punteros: el resultado sería un país sin democracia, totalmente sometido al gobierno en turno y con una estructura lista para ser manipulado por quien se asuma como líder de la defensa contra el peligro inminente.

Considerando la ventaja de AMLO, es poco probable que algo sea suficiente para descarrilarlo. Pero la presencia de quienes lo odian desmesuradamente o de quienes reducen la izquierda a Venezuela no se irá a ninguna parte. Peor aún, es previsible que quienes a partir de diciembre serán oposición busquen alimentar y capitalizar esta obsesión desbordada. Es de decir, nos esperan seis años más de fanatismo anti-AMLO, de ignorancia selectiva desbordada y de aceptación de los “haiga sido como haiga sido”. Al menos seis años más de más contenido chatarra, de desinformación y de la justificación impúdica de todo lo que sea necesario para descarrilar al nuevo presidente o al proyecto que quienes votarán por él defienden.
@asalgadoborge

Por Antonio Salgado Borge.
Candidato a Doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Cuenta con maestrías en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y en Estudios Humanísticos (ITESM). Actualmente es tutor en la licenciatura en filosofía en la Universidad de Edimburgo. Fue profesor universitario en Yucatán y es columnista en Diario de Yucatán desde 2010.

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