miércoles, 6 de junio de 2018

10,755. LA POLARIZACIÓN INEVITABLE E INNECESARIA.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Tomás Calvillo Unna.
SinEmbargo. Junio 06, 2018. 12:00am.

nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

qu’es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

e consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

e más chicos,

allegados, son iguales

los que viven por sus manos

e los ricos.

Coplas por la muerte de su padre.
 Jorge Manrique. Siglo XV

 
Las flores azules de Horacia. Tomás Calvillo.

Contradicción o paradoja, dependerá del proceso político que vivimos y de su desenlace social.

La sociedad global hegemónica, en sus mediaciones tecnológicas, ha logrado una igualdad masiva en el uso de sus bienes, fundamentalmente los de comunicación. Las clases sociales parecieran diluirse en las apps y sus usos, no obstante en las presentes elecciones han vuelto a emerger, aunque políticamente sea impropio hablar de ellas e incluso mencionarlas.

Buenas nuevas nos traen estas elecciones, permiten ver con claridad a los actores que se han asumido como los dueños de la democracia en México. Ellos deciden quién debe ganar y quién no. Si en el 2006 se acusó a AMLO de polarizar al país, doce años después, un grupo selecto de la élite económica y política impulsa una campaña de odio y desprestigio; para evitar que millones de mexicanos y mexicanas elijan a AMLO como presidente.

Preocupados, según dicen, de la magna equivocación colectiva que está por suceder, salen a defender lo indefendible, ignorando el dolor, coraje, ansiedad, desesperación, impunidad, violencia y desigualdad, que mas allá de los datos macro económicos que apuntan a un México en ascenso, asedian y asfixian a gran parte de la sociedad mexicana.

Lo de AMLO no está nada fácil, y como ya se mencionó anteriormente (“Ante los excesos, el balance” en: http://www.sinembargo.mx/28-03-2018/3401867) representa la fuerza social del balance, que es necesario recuperar después de los excesos, para hacer viable a la Nación en medio de los acelerados cambios civilizatorios, que modifican no solo el entorno económico y físico sino también las conductas individuales y colectivas. La cultura global, que debería conllevar un mensaje de libertad, se ha convertido en las actuales condiciones, en una red que estruja nuestra misma cotidianidad.

Lo que AMLO aprendió en las últimas elecciones, expresa que la experiencia es un valor que se enriquece permanentemente con nuevos aprendizajes; dejó de lado una actitud de autosuficiencia que le impedía cohesionar las fuerzas políticas necesarias para asumir el liderazgo del país.

En los últimos meses, se ha dedicado a sumar diversos actores (algunos cuestionados, no ajeno ello a los otros contendientes) de distintas corrientes políticas, actores con voz propia que busco sumarlos a un equipo cuyas tareas serán mayúsculas. Esta es posiblemente la clave de la elección: sumó, no restó, a sabiendas de la magnitud de las tareas que tiene enfrente y del dislocamiento del Estado Mexicano.

Jesús Silva-Herzog Márquez escribió con claridad en su reciente artículo que la debilidad de los otros candidatos explica el fortalecimiento de la candidatura de AMLO.  Cierto, pero lo que AMLO y su equipo también han logrado es construir una coalición social y política que le permitirá seguramente triunfar en las elecciones. Este quehacer no es ajeno a contradicciones, que han llevado a sus críticos a advertir que no es un liberal, que en el fondo su conservadurismo lo define.

Al margen de esos señalamientos, AMLO es un liberal-conservador (liberal en lo político y conservador en lo social) y en ese sentido representa a una amplia franja de la cultura política del país y de su electorado.

No es la pureza ideológica que los círculos intelectuales suelen pretender, minimizando los contextos históricos y las circunstancias políticas. La crítica que se debe rescatar, y se ve que ya le ha calado, se relaciona con sus expresiones de rechazo a quienes cuestionan en ocasiones sus propuestas y dichos. Explicable, por el sentimiento de acoso que lo ha envuelto, pero hoy ya no puede cargar con ello, como tampoco el  jugar al pastor y olvidar al político, este último que en esencia lo ha llevado a donde hoy está.

Su religiosidad puede ser su fortaleza interior y apuntalar su carácter y conducta, pero no orientar y menos dirigir su política. En esa psicología del poder personal, no deberá tener dudas al asumir la representación que millones de mexicanos y mexicanas están por otorgarle.

En este sentido, porqué no los empresarios que lo cuestionan, mejor diseñan desde el sector privado, propuestas profundas de política social que hagan sinergia con las públicas (comprometiéndose, vigilándose y certificándose mutuamente). Ahí está el tema central que puede permitir a México dar un salto cualitativo y fortalecer e incrementar nuestra débil cultura democrática.

Porqué no volver la mirada a las localidades y regiones del país y construir juntos opciones diversas con y para millones de familias y jóvenes, respetando su diversidad creatividad, creencias; aprovechando ese capital humano y la dinámica de un nuevo gobierno cuyo énfasis necesariamente serán los temas sociales.

Un binomio público privado es irrenunciable en un mundo globalizado y es una oportunidad para exorcizar los fantasmas del pasado y enfrentar las amenazas y violencia del presente anidados en el crimen que permea los diversos estratos de la sociedad.

No todo es tecnología, la política recuperada nos obliga a que los actores distantes se encuentren en un proyecto común de Nación.

¿Cómo reconstruir esa confianza en nosotros pérdida? Empezar por el valor de la palabra puede ser un buen principio. Que no se apueste al fracaso, que se asuma la voluntad de millones, que se construya juntos y que se haga justicia como ejemplo para no repetir las infamias cometidas a la República bajo el manto de la impunidad.

El factible triunfo de AMLO, debido a la coalición social que representa, ya está logrando un nuevo balance, un necesario equilibrio que es signo de vitalidad democrática, frente a la riqueza de unos cuantos, mismos, que sí reconocen esta experiencia como un nuevo aprendizaje, el país todo ganará en esta época cargada de incertidumbre internacional.

Por Tomás Calvillo Unna.

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