sábado, 16 de junio de 2018

10,788. POR SI LAS MOSCAS.


Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista critico.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

La campaña para ocupar el máximo puesto político del municipio había llegado a su fin, Cleofas resultó triunfador gracias a las buenas promesas que había hecho y la gran ventaja sobre los demás candidatos lo posicionaba bien.

Su imagen estaba por los cielos, Luchita su secretaria particular tenía bien anotado todos los compromisos adquiridos que, según lo mencionó, llevaría a cabo en los primeros meses de su gobierno.

Ya como presidente del municipio las cosas no fueron como lo había prometido, el azadón empezó a hacer su trabajo de todo para acá, los presupuestos de obras ya fueran del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado o ya de dotación de servicios como asfaltado o pavimentación de calles, fueron constantemente inflados en más del doble de su costo, otros ingresos municipales se usó la práctica denominada toma lo que quieras que consistía en aventar el dinero hacia arriba y entonces decía que el pueblo y Dios tomaran lo que quisieran y lo demás era para él, lógico que ya imaginamos a dónde iba todo.

Además los funcionarios seguían su ejemplo ya fuera el director de obras que si ya había remodelado la casa de sus papás o bien construyendo una para su hijo y claro que usando materiales comprados con dinero del pueblo y empleados administrativos, o como el oficial mayor que enviaba a su gente con la misión de que ese día debían entregar para él una cantidad de dinero y así aquello se convirtió en un desorden o bien como en Ecología y Medio Ambiente que en compras de arbolitos o plantas de ornato triplicaban el costo o bien cobrando por autorizar la tumba de árboles, claro que el dinero no iba a las arcas municipales.

Ya transcurridos siete meses, Luchita le recordó al presidente sus promesas de campaña, -mire jefecito, le dijo un día que por fin se atrevió a mencionarle; usted se comprometió a muchas cosas que no ha hecho, y la gente ya murmura, se les hace extraño que solo atienda lo del SAPA y algunas pocas obras y ya, considero que es tiempo de que haga algo.

Está bien- dijo Cleofas en tono enfadado; el lunes tu y yo vamos a recorrer el municipio y vemos las actuales necesidades, las de campaña olvídate de ellas ya ves que esas son para no cumplirse.

El mentado lunes llegó y el presidente y su aun secretaria particular iniciaron el recorrido, primero fueron a una de las colonias más pobres y ahí las solicitudes de los vecinos fueron muchas, que si drenaje, luz, asfaltado o empedrado de calles porque éstas ya son lodazales, que si un parque con bancas y juegos para niños.

Anótale Luchita- indicó el presidente en tono enérgico, y continuó su recorrido por otras más colonias.

En una de éstas, principalmente las mamás, le solicitaron fuera a una de las escuelas para que viera las condiciones en que sus hijos recibían las clases.

Hacia allá dirigieron el vehículo y cuando entró al centro de estudios una maestra le solicitó corregir las cuarteaduras de varias paredes, techar aunque fuera con láminas un salón y otro volver a techar con material ya que en temporada de lluvias los alumnos en vez de poner atención tienen que ir a colocar cubetas en las goteras y luego a ir a tirar el agua, además -dijo la maestra; comprar pizarrones y poner una línea telefónica, corregir en un salón el piso que se hundió sabrá Dios porqué y muchas más.

-Anótale Luchita; ordenó el primer munícipe a su secretaria. Ya de ahí se fue a tomar un refresco porque se sentía cansado, ha sido duro el recorrido, pero estoy satisfecho, ya vez -dijo; los anteriores munícipes, nada han hecho.

Un rato después continuó su recorrido, ahora fueron a unas tierras agrícolas en donde sus propietarios le solicitaron maquinaria propia para barbechar la tierra a fin de no quemarlas después de las cosechas ya que le argumentaron, que dichas tierras se estaban erosionando por quemar ya que eso afectaba la tierra.

-Anótale Luchita, dijo en un tono no tan enérgico, acto seguido subieron a la camioneta y se dirigieron rumbo a la cárcel municipal.

En dicho centro de readaptación, algunos presos solicitaron varias cosas: que si camas nuevas, pintar las celdas y cambiar piso, arreglar en forma total los baños, construir una cancha de basquetbol y una de tenis, mesas y sillas nuevas para el comedor, utensilios de cocina y equipo necesario, un gimnasio, pero -le dijeron; lo más urgente son las celdas y lo de la cocina.

Anótale Luchita- ordenó con tono enérgico el señor presidente a su secretaria, un poco después se retiraron a la oficina de donde luego él se fue a su casa indicándole a su secretaria que el lunes revisarían todo para el palomeo correspondiente.

Luchita estaba feliz, ahora sí habrá un cambio -se dijo; ya era tiempo de que algunas necesidades se atendieran, que las personas vivan mejor, y el mentado lunes llegó, y ya como a las once de la mañana, presidente y secretaria, en la sala de Cabildo, dieron inicio a revisar las peticiones recibidas, la secretaria irradiaba felicidad.

Muy bien, empecemos –habló Cleofas, mientras daba un sorbo a su aromático café, estaba sonriente y su secretaria lo vio y más feliz se puso.

En las colonias –habló la secretaria; las peticiones fueron muchas como...
Párale mi estimada Luchita, -interrumpió el presidente; vamos a hacer algunas cosas pero en unos pocos meses, mientras que hagan un proyecto, ya cuando lo hagan veremos que se puede hacer...

En la escuela -continuó la secretaria importante; ya ve que los niños se distraen de la clase y no adquieren conocimientos por…

Espérate mi secre, ahí nada haremos, eso es responsabilidad de la Secretaría de Educación Pública, ahora continúa.

Bueno, en las tierras agrícolas, hace falta maquinaria y... No mi jovencita -dijo el presidente- nada podemos hacer, no hay dinero para maquinaria y mientras que sigan quemando las tierras. No hay de otra.

Mire jefe; -habló Luchita la secretaria…, en la cárcel fueron muchas las peticiones pero creo que nada urge, ya ve que la mayoría están ahí en forma temporal, le insisto, nada urge.

Nada de eso mi estimada -rugió el primer munícipe- ahí que todo se haga y pronto.

Como exclamó la confusa secretaria, en la escuela nada se va a hacer, en las colonias no se atenderá a gente necesitada, y en la cárcel todos… ¿cómo está eso?

Despejaré tu duda e inquietud mi querida Luchita -con tono suave le habló Cleofas-, tu y yo ya estamos grandes, ya no vamos a entrar a la escuela, pero a la cárcel… Los que andan en Rusia.

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