miércoles, 20 de junio de 2018

10,806. SIN GRITOS NI SOMBRERAZOS.


LA FERIA

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Sin gritos ni sombrerazos.
Vamos hablando en serio. De vez en cuando no hace daño: ¿de dónde saca don Pejesús que ya ganó la elección del 1 de julio?... por supuesto la puede ganar, claro, pero asegurarlo con meses y semanas de anticipación, con fundamento en sus puros chones, no es serio… y con fundamento en las encuestas, menos.

Si se toma la molestia de leer completas las encuestas (no lo que usan de titular en la prensa, no: meterse al portal de cada casa encuestadora y leerse completo el prolongado rollo que informan), se va a topar con una tasa de rechazo a ser entrevistado que ronda el 75%; con una tasa del 28% de “no sabe, no contestó” (a la pregunta de por quién votaría para Presidente); con otro 28% de gente que no termina de responder la encuesta (se aburren, les da flojera, se enojan… ya les andaba, por lo que sea); con una tasa del 33% de “podría cambiar mi voto”. La conclusión no es difícil: no tenemos información confiable, ni suponiendo que sí se hicieron las encuestas y que la gente que nos reportan que las respondió sí las contestó y los encuestadores no cambiaron los resultados por error, claro (y ya es mucho suponer).

Al mismo tiempo, Meade puede ganar y puede perder, con una diferencia: si no gana será únicamente porque la maquinaria electoral del PRI no lo quiso (como cuando Madrazo). Repito: únicamente (en serio), aunque parece que don Peña Nieto no traga lumbre y casi tarde, pero corrigió el rumbo y sacó a su caprichito personal (Ochoa Reza), de la presidencia del PRI para meter a uno que sí masca fierro y borda con alambre de púas: René Juárez Cisneros, que de inmediato supo qué hacer, con quiénes y sorpresivamente empezó a subir Meade. Claro.

El inmenso poder económico doméstico y extranjero, no quiere al Pejetrolero y eso cuenta, muchísimo, pero también depende a fin de cuentas de que la maquinaria productora de votos haga su chamba: las actas de casilla no se rellenan solas (fíjese en la sutileza: no se mencionó la obtención de los votos… digo, sin ofender).

Vamos hablando en serio: ¿a qué se debe la entrega de tal número de integrantes de la comentocracia nacional, en brazos de Pejecutor patrio?... ¿a qué se debe que poderosas empresas de medios parezcan promotoras del Pejecutivo?... ¿por las encuestas?... ¿por sus intereses?... ¿por revancha contra Peña Nieto por alguna reforma que las raspó, por impuestos que no estaban acostumbrados a pagar?... misterio, pero no será la primera vez que los veamos aceptar sentidamente su error (como en la elección presidencial pasada, cuando algún diario nacional de los más rumbosos, publicó sus disculpas y aceptó los errores de sus “encuestas”).

¿Y el C.Anaya puede ganar?, pregunta otro… sí, claro, y el Bronco también. El joven maravilla, después de hacer trisas a su partido (el PAN), se dedicó a pagar encuestas que artificialmente lo colocaron en un supuesto segundo lugar, nada más. Don Bronco es un mal chiste de nuestra política… ¡qué vergüenza! La competencia electoral seria es solo entre Meade y el Peje, seamos serios.

El problema de Meade es que empezó su carrera política apenas a fines de noviembre del año pasado… como que no es para sorprenderse que el Pejelectoral tenga los seguidores que tiene, después de no haber hecho nada en su vida distinto a política. Pero el principal problema del Pejenérgico es que con 48 años de carrera política y con 18 de ser personaje nacional, el 68% del electorado no lo quiera de Presidente (debería darle una pensadita a su caso).

El otro problema del Pejengañador es que ya le ofreció a cada público lo que quiere, y no hay manera de que pueda cumplir sus promesas, porque se contraponen (hacer o no el aeropuerto de la CdMx; dejar o quitar la reforma educativa; “revisar” los contratos petroleros o dejar la reforma energética); porque no hay dinero en el país entero para pagar sus puntadas (duplicar las pensiones; becar a millones de jóvenes que no trabajan ni estudian -“becarios no sicarios”… ¡ay, qué ingenio, verdad de Dios-; becar a los jóvenes que sí estudian); porque no podrá conciliar los intereses del surtido rico de políticos de todas las corrientes y mañas que ha recibido en su santo seno (como el seno de Abraham, donde los justos fallecidos esperaban la llegada del Redentor para pasarle a lo barrido al Cielo; así está la caterva de políticos de toda laya que ha colectado el Pejeremías: esperan su arribo a la presidencia para pasarle a gozar del Cielo del erario). Esos son problemas.

Lo único cierto es que esta es la sexta intentona de la izquierda por hacerse del poder presidencial (tres de Cuauhtémoc Cárdenas y las mismas del Pejecutivo).

Lo único cierto es que el Peje en esta vuelta no se parece al de las dos anteriores, se diluyó, transa, acepta, recibe a cualquiera, se alía con los evangélicos, con lo más granado del albañal de la política… se le nota que tiene muy claro que es su última oportunidad (o ¡al rancho!). No puede calcularse cuántos votos va a perder de los de sus más fervorosos seguidores por andar repartiendo candidaturas a capricho (muchos de los que se tallaron para crear Morena, se quedaron mirando): no sería sorpresa verlo desplomarse el día de la verdad, ya son muchas.

Hay otro problema y ese es de los dos candidatos: el electorado nacional. ¡Sí, señor!, ¡nosotros meros!... que estamos divididos entre los que ni locos tachan PRI y los demás, aunque extrañamente el PRI siga siendo el partido mayoritario (son como el América: todos lo odian pero llena el Azteca)… de manera que no vaya a ponerse pesado el día 1 de julio en la noche si resulta que don Pejesús se desinfló: ha hecho muchas, que no pasan desapercibidas al tenochca promedio, baja y baja el número de persona que le creen, porque miente mucho y cada vez más mal (aplican restricciones, los testigos del Pejehová no aflojan, ya es asunto de honor… cada quien).

Como dijimos que esta iba en serio, nomás quedemos en que vamos a aceptar el marcador como si fuéramos alemanes, sin gritos ni sombrerazos.

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