martes, 26 de junio de 2018

10,827. TANDA DOBLE.


LA FERIA

Por el Sr. López,
Periodista critico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Tanda doble.
María Helena González, señora que sabe de lo que habla, publicó ayer en su columna “Vas a ver”, del Diario de Morelos, un comentario tal vez en exceso caritativo, sobre el documento “El poder de la cultura” de Alejandra Frausto Guerrero, predesignada secretaria de Cultura del Pejesús.

El Pejecutivo es la negación personificada del cívico “animal político” (el “zoon politikón” aristotélico), y encarna la justificación plena del pesimismo de Thomas Hobbes, quien concebía al ser humano como egoísta e individualista, que se involucra en la cosa pública solo por los beneficios que le puede aportar (no necesariamente económicos, que el ego es más exigente y quien padece ansia de poder no pocas veces termina en autócrata). El Pejelectoral no es peligroso porque esconda malas intenciones, sino porque su chata visión de la política puede llevarlo a la tentación de cambiar las funciones y finalidades del Estado, amoldándolo a su capricho.

La predesignación de doña Frausto como secretaria de Cultura es buena muestra de los riesgos que entraña el Pejetrolero al timón.

Sea o no cierto que el curriculum de doña Frausto es una lista de medias verdades; sean o no falsos los señalamientos nada halagüeños de alguna prensa de Guerrero, donde fue titular del Instituto Guerrerense de la Cultura, lo cierto es que es da qué pensar que la persona que estaría al frente de un sector de tal importancia, ponga en el primer párrafo de la presentación de su documento la siguiente perla:

“A lo largo de la historia no se ha registrado ninguna transformación social que no haya sido acompañada de una renovación cultural. El arte es una oportunidad para replantearnos prácticas, hábitos e ideas que dan forma a nuestro pacto social”.

O sea: si el Peje es presidente, habrá una transformación social (y uno creyendo que nomás iba a cumplir y hacer cumplir la Constitución… a ver en qué quiere transformarnos, no coma ansias). Segundo, “o sea”: van a “renovar” la cultura (¡épale! eso intentó Mao… y como que no). Tercer “o sea”: cultura y arte son sinónimos (¡recórcholis!, para no poner una majadería). Cuarto “o sea”: se van replantear “las prácticas, hábitos e ideas que dan forma a nuestro pacto social” (¡áchis!, cambiarán nuestras prácticas y hábitos -costumbres-, y nuestras ideas; ¿sabrá la doñita que nomás dura seis años el sexenio?), para que el día que entregara el poder don Pejecutivo, el “pacto social” sea otro (lo que significaría el cambio de deberes y derechos de toda la ciudadanía).

Queda claro con ese primer párrafo que el documento todo, es una piedra de molino que no se puede tragar nadie con las neuronas en estado normal. Sigue uno con su lectura (es cortito), y no encuentra propuestas, sino frases hechas, mal hilvanadas y una mención rara al destino de Los Pinos, para algo que tampoco se determina (dice que “se transformará en uno de los complejos culturales más grandes de Latinoamérica. Queremos que el espacio esté abierto a la ciudadanía y confluyan todas las disciplinas artísticas”… pst… ¡pst!... doñita: si es para “la ciudadanía”, los menores de 18 años no entran. Señora: no ponga palabras por ponerlas).

La cultura no es algo que le haya interesado al actual gobierno (aunque hayan creado una Ley General de Cultura y Derechos Culturales -19 de junio de 2017-, con su respectiva Secretaría de discutible necesidad). El sector en este sexenio sufrió bárbaras amputaciones económicas: la Secretaría perdió el 58% de presupuesto; el Sistema Nacional de Fomento Musical, el 72%; el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, el 21%; a la Cineteca Nacional le recortaron el 24%; el Centro de Capacitación Cinematográfica, 61% de reducción; a la red de librerías más grande del país -Educal-, le mocharon el 53.5%; el financiamiento a festivales artísticos y culturales en todo el país, 53% menos. Y no parece haber motivo para el optimismo si va a estar al frente alguien que ya de entrada, deja ver la liviandad con que concibe el asunto.

Sospecha el del teclado que doña Frausto no imagina que la palabra cultura como hoy la usamos, es muy reciente (apenas del siglo XIX); con más de 164 significados distintos (el original era “cultivo”,  y por eso a las huertas y parcelas, antes, se les llamaba “culturas”); y también se usaba para referirse a la relación con la divinidad: el “culto” a Dios.

En el renacimiento fue cuando se le otorgó el significado relacionado con la pintura, la literatura y la filosofía. En el siglo XVII en Francia, con la Ilustración, se usó para destacar lo racional del hombre (persona culta o cultivada); y en el XVIII, en España, se le otorga el sentido de desarrollo histórico y civilización de los pueblos. Y a partir del siglo XIX, se populariza con el sentido que hoy le damos.

No fue sino hasta ese siglo que adquirió su actual connotación universal, gracias a los filósofos idealistas alemanes (Fichte), originalmente para resistir la influencia de la iglesia romana en el Estado germano (del Espíritu Santo dirigiendo a la humanidad al “Volksgeist”, el espíritu del pueblo, su cultura, como elemento integrador de la nacionalidad, del nacionalismo)… y de ahí salió la “Kulturkampf”, la Lucha por la Cultura, de Bismarck, en abierto pleito con Roma.

No, no parece que doña Frausto sospeche nada de eso ni que la cultura es objetiva (ese ambiente que hacen todas las creaciones de cada pueblo), hasta la cultura subjetiva (la de cada quien). Y las artes, la “alta cultura” son solo una parte de este conjunto que manifiesta el carácter de cada nación.

La cultura a fin de cuentas, es de tal calado que hay quien sostiene que el Estado no es la conjunción de gobierno, pueblo y territorio, sino la consolidación y fomento de una cultura propia: el Estado Cultural. Los optimistas esperamos que algún día acabe siendo toda, cultura universal, quitándole ya siempre el tufo nacionalista.

Estamos advertidos: si el Pejesús llega a Presidente, la doñita será Secretaria de Cultura. Dos tragedias por un boleto: tanda doble.

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