sábado, 7 de julio de 2018

10,875. SEGURIDAD NACIONAL.


Enviado por SinEmbargo.

Desde la Cd., de México. Para

Tenepal de CACCINI

 

Por Jorge Alberto Gudiño Hernández.

SinEmbargo. Julio 07, 2018.

 

“000Andrés Manuel López Obrador ha utilizado un refrán para justificar su rechazo a ser protegido por el Estado Mayor Presidencial: “El que nada debe nada teme”. Lo hizo desde la campaña y, ahora, siendo Presidente electo, insiste “. Foto: cuartoscuro.

 

Nunca me han gustado los refranes, esos presuntos sintetizadores de la sabiduría popular. Si acaso, disfruto su retórica, su musicalidad, el uso literario que les han dado autores como Cervantes, para no ir más lejos. Sin embargo, su contenido siempre me ha parecido cuestionable en tanto pretenden fijar, a partir de una frase ingeniosa, la generalidad del devenir humano, como si éste no estuviera lleno de excepciones. Incluso si no fuera así, resultan, cuando menos, dudosas sus enseñanzas. No haré aquí una lista de refranes y sus posibles interpretaciones, me ocupa sólo uno.

 

Andrés Manuel López Obrador ha utilizado un refrán para justificar su rechazo a ser protegido por el Estado Mayor Presidencial: “El que nada debe nada teme”. Lo hizo desde la campaña y, ahora, siendo Presidente electo, insiste en que no requiere protección extra pues el pueblo mismo lo cuida. Vayamos por partes.

 

Primero el refrán. Es falso por donde se le vea. Baste imaginarnos con la escena de encontrarnos, de pronto, caminando por las calles de una colonia peligrosa y sintiéndonos seguros pues nada debemos. Suena absurdo, por supuesto, esgrimir el argumento de la falta de deudas a los posibles asaltantes. También podemos pensar en otra situación. En mi caso, por ejemplo, temo menos a mis acreedores que a un accidente vial, para no ir más lejos. Así que debo, pero no temo por ese hecho sino porque conozco las condiciones en que nos comportamos los automovilistas de esta ciudad. Un paso extra, quizá AMLO no tema pues no debe, pero la falta de temor no es un garante de la seguridad. Yo no le temo, citadino que soy, a la picadura de una viuda negra pero tampoco le servirá como disuasor al insecto que, llegado hasta mi casa, se sienta amenazado por mi presencia. Así que es mejor olvidarse del refrán.

 

Me queda más o menos claro que Andrés Manuel López Obrador busca generar empatía con sus próximos gobernados. De ahí el rechazo a ser custodiado pues le encanta, también, tener contacto con la gente. Enhorabuena. Resulta, sin embargo, que él ya no es una persona; mejor, ya no sólo es una persona. Ahora también se ha convertido en un símbolo que representa varias cosas y, entre ellas, cierta forma de entender la estabilidad del país. Así que cuidarlo a él implica más que proteger a un ciudadano común.

 

Magnicidas hay por doquier, también locos fanáticos, sicarios pagados, personas que estarían dispuestas a casi cualquier cosa a cambio de dinero, fama o el aplauso de sus voces interiores. La idea de que el pueblo lo cuida es tan absurda como ridícula. Peor aún, ¿el Presidente electo supone que, frente a un ataque concreto, una persona cualquiera arriesgará su vida para protegerlo? Lo de “un soldado en cada hijo te dio” suena bien pero no es más que retórica.

 

No comulgo con quienes han comenzado a criticar la gestión de AMLO. Sobre todo, porque dicha gestión no ha comenzado. Me parece que habrá que darle tiempo y, en cualquier caso, prepararnos para varias desilusiones; ya lo comenté antes, en otro texto. Coincido, sin embargo, con quienes han alzado la voz: es necesario que el Presidente electo sea custodiado; es un asunto de seguridad nacional. Y lo decimos muchos, contrarios y entusiastas. Éste no es un asunto de valor ni de refranes, sino de procurar el bien mayor. Ojalá lo acepte pronto.

 

Por Jorge Alberto Gudiño Hernández.

Lee y escribe. Lleva años conduciendo “La Tertulia” y muchos semestres dando clases a universitarios. Le queda claro, tras tantas palabras, que tiene pocas certezas. De ahí que se declare “Parcial y subjetivo”. Su novela más reciente es “Instrucciones para mudar un pueblo” (Alfaguara).

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