sábado, 21 de julio de 2018

10,921. EL COSTO DE LA CREDULIDAD.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de méxico. Para
Tenepal de CACCINI

Por Jorge Alberto Gudiño Hernández.
SinEmbargo. Julio 21, 2018.

“Supongamos que, en el documento de cincuenta puntos que presentó AMLO no se habla de la desaparición de fideicomisos o, concediendo más, que esto aplicará a futuro, pues ninguna ley es retroactiva en perjuicio de alguien”. Foto: Mario Jasso, cuartoscuro

Alguna vez, un personaje mío de una novela que no corrió con la fortuna de ser publicada, dijo que él confiaba en todas las personas porque sólo así les abría la puerta a decepcionarlo. Le robo la frase y parte del sentimiento de la misma para plantear una serie de suposiciones.

Supongamos, primero, que nada en el fideicomiso de Morena para ayudar a los damnificados del sismo estuvo mal, sin importar que hubiera depósitos en efectivo y retiros en cheques de caja.

Supongamos, después, que tampoco resulta sospechoso ni ilegal la manera en que se llevaron a cabo dichos depósitos: varias personas se formaron en repetidas ocasiones para depositar $50,000.00 en cierta sucursal bancaria.

Supongamos que, en efecto, el dinero que sacaron, más tarde, algunos funcionarios del partido, fue para entregar ayudas en efectivo a algunos de los damnificados sin que esto alterara ningún procedimiento electoral ni ninguna ley, como la de posible compra de votos.

Supongamos que, en el documento de cincuenta puntos que presentó AMLO no se habla de la desaparición de fideicomisos o, concediendo más, que esto aplicará a futuro, pues ninguna ley es retroactiva en perjuicio de alguien.

Supongamos, ahora, que el INE en realidad sí articuló una venganza contra el partido ganador de las elecciones al decidir imponerle una multa por 197 millones de pesos.

Terminan los supuestos aunque la lista podría ser mucho más larga. Incluso así, incluso habiendo hecho todo bien, la respuesta de López Obrador tras conocer la multa fue un desatino. Acusó al INE de una venganza y dijo que iría al TRIFE para impugnar la decisión.

Si me quito la capa de ingenuidad que le robé a mi personaje, confieso que nunca pensé que se acabaran las corruptelas ni los acuerdos opacos con el nuevo Gobierno que, siempre está bien recordarlo, aún no entra en funciones. Eso no quita que lo desee profundamente. Sin embargo, sé que los escándalos continuarán y me parece normal: las cosas, este tipo de cosas, no acaban por decreto sino por medio de largos procesos.

Lo que me entristece, entonces, es la respuesta de Andrés Manuel. Y me entristece aunque él tenga razón, a partir de los supuestos que ya planteé más arriba. Me entristece porque es la respuesta visceral de quien continúa en campaña y no de quien ya está en condiciones de hacer que su palabra valga. Es decir, sigue apelando a cierto pacto de confianza unilateral que, ahora más que nunca, necesita sustento.

Yo habría preferido, por ejemplo, que aceptara la resolución del INE asegurando que habrá una investigación, pese a que las investigaciones sólo posponen las cosas en este país. Esto es indispensable toda vez que debe estar consciente (eso espero) de que existe la posibilidad de que alguien haya hecho algo mal dentro de su equipo o dentro del fideicomiso. Después, en una semana o dos, en un mes o dos, que saliera a explicar con claridad qué fue lo que sucedió con ese fideicomiso. No al INE sino a mí, a nosotros, a quienes votamos por él o a quienes no, a los que seremos gobernados por su persona. Entonces, una vez explicado, tendría dos caminos: acusar al INE porque, en efecto, todo funcionó bien y llevar el asunto a tribunales; o acusar a los responsables y castigarlos en consecuencia (ya sea quitándoles su plaza, ya sacándolos de su equipo), a fin de cuentas, las escaleras se barren de arriba para abajo.

Esta frase es importante. No porque yo piense que ha dejado de barrer. Lo que me preocupa y me entristece, es que no reconoce la suciedad que hay en las escaleras. Así, de nada vale tener una escoba si no se está dispuesto a usarla.

De momento, mi credulidad se diluye. El costo de ésta es la decepción. Aún no llego a ella pero sí hay algo de tristeza. En verdad, las escaleras están sucias. Negarlo impide comenzar a barrer y obliga, a los que creímos o quisimos creer a ya no hacerlo.

Por Jorge Alberto Gudiño Hernández.
Lee y escribe. Lleva años conduciendo “La Tertulia” y muchos semestres dando clases a universitarios. Le queda claro, tras tantas palabras, que tiene pocas certezas. De ahí que se declare “Parcial y subjetivo”. Su novela más reciente es “Instrucciones para mudar un pueblo” (Alfaguara).

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