domingo, 22 de julio de 2018

10,922. EL PULSO DEL UNIVERSO ES LA POESÍA: KO UN.


Reporte- Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

El pulso del universo es la poesía: Ko Un.

¡Viva el huapango, viva el fandango, viva la música mexicana, vivan los poetas, venga una diana! ¡Arriba el baile del zapateado! Canción popular mexicana.

La  poesía: ‘‘A veces está viva, muere, renace y vuelve a morir, como las olas
del mar; ese es el ritmo del universo”. Ko Un (1933-¿)

El poeta sudcoreano Ko Un, de quien pronto saldrá a la venta una antología titulada Poesía dejada atrás, recibirá el premio Nuevo Siglo de Oro 2018 hoy mismo a mediodía en el Museo de la Ciudad de México. Ko Un es uno de los poetas frecuentemente nominados al premio Nobel, es un poeta prolífico, ha publicado más de ciento cincuenta libros; además de poesías escribe teatro, y literatura infantil.

El poeta sudcoreano es invitado especial del Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de México 2018, que le entregó el premio ya citado. Llamó  mi atención una frase de Ko Un, “la poesía es el pulso del universo”, frase cuyo sentido se aclara con la frase citada arriba, junto a la foto del poeta.

La poesía, cuando es auténtica, trasciende los idiomas y es lo que pasa con la poesía de Ko, quien dijo:  “Los poetas y los poemas sueñan renacer en otra lengua”, renacer, soñar, poesía que al traducirse y al leerse en silencio o en voz alta se une a la sinfonía universal en el fluir eterno que es la vida.

Son conocidos los argumentos que afirman que al pasar por un proceso de traducción, la poesía pierde su identidad o muere, pero no es así, en todo momento, en su lengua original o en otros idiomas la poesía es una constante creación, el poeta y el lector entran en comunión y se transforman, se conectan y en esa conexión se recrean.

Y es que nada permanece estático en el universo, ni siquiera la poesía escrita en un libro, que cuando se abre, se transforma y con la mirada del lector renace, vuelve a la vida, el lector y el libro nunca serán los mismos que fueron ayer ni lo que serán mañana. Como dijo Pablo Neruda: Nosotros, los de entonces, nunca seremos los mismos. La poesía que se lee es como el fuego heracliteano que fluye o como el agua del río que nunca se detiene. “Nadie se baña dos veces en el mismo río” decía el viejo Heráclito, padre de la filosofía del cambio incesante.

Algunos versos de Ko traducidos al español nos darán una experiencia diferente, directa de su sentimiento: como los siguientes dos poemas:

Oído.

Alguien está acercándose,/viene del otro mundo./Nocturno rumor de lluvia./Alguien está yéndose ahí ahora mismo./Con seguridad van a cruzarse.
La segunda poesía, igualmente corta como la anterior, se titula “Desierto de Taklamakán”, el “mar de la muerte” de China, 330,000 km2 de arena  que se traga literalmente a los incautos que osan internarse en el misterioso mar de arena, como lo dice una antigua creencia china: “puedes entrar pero nunca saldrás”.

Desierto de Taklamakán.

Por qué me dirijo al desierto de Taklamakán/si ahí sólo el vacío?/Por qué me dirijo al desierto de Taklamakán/ a mis setenta y cinco años, olvidando todas las palabras/si ahí sólo el grito de la ausencia?/ Por qué me dirijo al desierto de Taklamakán/ /si no tolero la ambición del mundo, mi propia ambición?/Ahí, en el desierto de Taklamakán,/datada en mil años,/el silencio de una calavera.

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