viernes, 27 de julio de 2018

10,943. NO SE AFLIJA NI LE AFLOJE.


LA FERIA

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

No se aflija ni le afloje.    
El Jefe de Proveeduría y Seguridad del campo de entrenamiento en que se domesticó   a este López (otros niños les decían “papá” y “casa”), presumía con razón lo orientado que era, porque sí era… menos cuando se perdía, en cuyo caso, como si su honor de Macho Gama quedara en entredicho, no pedía orientación ni ayuda: él encontraría el camino (Macho Gama, porque no era Alfa, doña Yolita, Jefa de Administración y Disciplina del referido campo, no lo hubiera permitido, ni Beta porque esa posición era de ella). En un  viaje a Pánuco, Veracruz (otro día le explico), discurrió López papá, ir por la Ruta Huasteca (otro día le explico), para lo cual se decretó la salida a las seis de la madrugada, a fin de llegar a tiempo para ver el atardecer en playa Vicente, pero en algún punto ignoto, pasando Huejutla, Hidalgo, extravió el camino, lo que intuyó todo el pasaje (esposa y descendencia directa), por la prolongada soledad del camino y su estado cada vez más ruinoso. Silencio general: era grave solo insinuarle al guía piel roja al volante, que se había perdido. Ya anocheciendo, con su voz de “no estoy jugando”, doña Yola dijo sin dejar de ver al frente: -Ahí hay una casita. Párate y pregunto a dónde vamos por aquí –en la casita vendían gasolina -a precio de oro-, y daban señas. Silencio. Ya amaneciendo llegamos de regreso al domicilio oficial del campo de doma. No se comentó jamás el asunto, pero a la fecha este menda no ha pisado Pánuco.

No sé usted pero a este junta palabras a veces, digamos de hace 30 años para acá, le dan ganas de preguntar a dónde va México, a dónde vamos todos. A mediados del siglo pasado la pregunta era ociosa: no íbamos a ningún lado, estábamos en casi el Paraíso y era imbécil cuestionar el destino en que nos había puesto la Revolución hecha gobierno.

Luego, por influencia del hado tenochca, del Destino Manifiesto o nada más por la fatalidad de que las cosas son como son, nos quedamos sin ideario tricolor y sin el lema nacional de “como México no hay dos”, sin huaraches ni aceite de coco para la playa, tenis Súper Faro para cualquier deporte (un solo modelo), aguas de frutas, la “W”, ni Viruta y Capulina. Sin darnos cuenta, arribó la modernidad a la patria, las faldas se recortaron, los pelos crecieron, ver cine nacional era de nacos y había mejor mariachi en la iglesia que en Garibaldi.

Luego, de “Cuerno de la Abundancia” (así decían los maestros señalando el mapa nacional, sacando pecho), pasamos a ser parte del Tercer Mundo, entendido como el de tercera: deuda pública, devaluaciones, inflación y desempleo. Nadie entendíamos nada. Economistas de pacotilla barrían dinero con libros que explicaban qué andaba mal: seguíamos sin entender nada pero la idea general era que todo lo que andaba mal era responsabilidad del gobierno. Bue…

Así las cosas, un día se nos informó que todo estaba de cabeza porque nuestra economía estaba “cerrada”, que había que entrarle al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), y firmarle sin retobos al FMI, que iba a arreglar nuestro tiradero. A todo dar.

Sí, a lo mejor era eso y sí, a lo mejor era cierto. Pero, al mismo tiempo, misteriosamente, se fue generalizando la idea de que como país, éramos una birria; que nuestro gobierno era una facha; que nuestra democracia era cómica; los sindicatos y partidos políticos, cuevas de ladrones; y que nada oficial estaba bien: educación, salud, carreteras, Pemex, CFE y la recolección de basura, todo de dar pena ajena. ¡Qué bueno que como México no había dos!

Abonado el terreno, ya siendo indiscutible que sindicatos, partidos, funcionarios públicos, maestros, médicos, policías, curas y banqueros, todo era una mugre, se fueron haciendo cambios (necesarios-indispensables-ineludibles-urgentes), sin que el respetable se sofocara: cambiar leyes hasta hacer irreconocible al país en el espejo de antes (que estaba mal como indica el “antes”, no sea necio); privatizar todo lo que resulte rentable a los privados (extranjeros de preferencia, siempre que el tiempo lo permita y anden de buenas), banca, carreteras, electricidad, gasolinas, servicio de limpia y en cuantito se pueda, el agua, que sale veneno de la llave, cuando sale algo.

Y como ya quedamos también en que el gobierno, los partidos y los funcionarios son verrugas con pelo en el rostro de La Patria (ya sabe qué señora), pues los ciudadanos tenemos que organizarnos, aunque resulte que a fin de cuentas, se organizan quién sabe quiénes, de parte de no se sabe quién, a condición de blasonar su naturaleza de No Gubernamentales, único requisito para ser No Cuestionables, intocables, químicamente puros. ¿Gobierno?... sí, pero chiquito, acotado, de preferencia arrinconado. Lo público es sospechoso, ineficaz, corrupto; la gestión privada es transparente, eficiente y honesta como mi abuelita Virgen (la de los siete embarazos), que era una santita.

Por eso al Fiscal General (antes Procurador General), lo deben proponer ciudadanos, no el Presidente; por eso el petróleo lo deben sacar y comercializar empresarios, no Pemex; por eso CFE no debe tener el monopolio (palabra obscena), de la electricidad; por eso los servicios de Limpia deben concesionarse; por eso la propuesta de 300 ONG’s -en septiembre pasado-, de que aparte del Congreso de la Unión haya un “Parlamento Abierto”, que escuche a los ciudadanos, porque nadie -especialmente el gobierno-, tiene el monopolio de la verdad. ¡Qué bonito es lo bonito!

A reserva de que sepamos para dónde vamos y veamos los frutos de haber privatizado casi todo, mientras tocamos los dinteles de la gloria del pleno empleo, el salario justo y las excelencias de hablar inglés, esperemos que AMLO no ceda en que al Fiscal General lo propone al Congreso el Ejecutivo: aguante señor, ya dimos el palmito, ahora que nos cumpla algo el gran capital y ya luego veremos si le privatizamos también el gobierno. Hasta los que no votamos por Usted, en esto, estamos con Usted: no se aflija ni le afloje.

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