viernes, 3 de agosto de 2018

10,976. PRENSA Y PODER EN MÉXICO: #NiUnPesoMasEnSpots.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Epigmenio Ibarra.
SinEmbargo. Agosto 03, 2018.

Imposible escribir estas líneas sin pensar, con dolor y rabia, en Miroslava Breach, en Javier Valdez, en tantos otros periodistas asesinados en México. Foto: Cuartoscuro.

Columnistas y conductores de radio y TV multimillonarios que, acostumbrados a moverse en los pasillos de palacio y a hablarse de “tú” con los poderosos, no pisan jamás la calle y reporteros pobres que, todos los días sin más armas que su libreta, su grabadora o su cámara, sin más recursos que su coraje y su dignidad, se juegan la vida a cada paso.

Medios que, a cambio de centenares de millones de pesos del erario, de prebendas y privilegios para sus dueños y sus directivos se convierten en eco y espejo del poder y esfuerzos periodísticos serios que languidecen por falta de recursos y sufren la presión constante del Gobierno, los poderes fácticos y el crimen organizado.

La verdad convertida en mercancía por unos, la verdad que, a fuerza de ser buscada, defendida, expuesta por otros termina costándoles la vida. La verdad que se niega y sin la cual no existe la justicia. La verdad rehén, la verdad enmascarada, la verdad administrada, cuyos retazos se utilizan para chantajear al poder, para obtener canonjías.

Prensa y poder en México una relación malsana, sustentada, salvo honrosas y contadas excepciones, en el comercio descarado de la verdad a cambio de dinero e influencias. Un amasiato perverso al que, si queremos impulsar la transformación democrática de este país, debemos poner fin de inmediato.

Tocará a Andrés Manuel López Obrador cortar el flujo obsceno, criminal, irracional de millones de pesos que van de las arcas públicas a los bolsillos de columnistas, lectores de noticias, presentadores de TV y dueños de empresas de medios.

A los más de 40 mil millones de pesos gastados por Felipe Calderón en su imagen pública y los casi 70 mil millones gastados por Peña Nieto con el mismo propósito hay que sumar una cantidad hasta ahora imposible de precisar, que, de forma secreta y sin ningún control, se emplea para comprar voces y voluntades en la prensa nacional.

Hablo de los sicarios editoriales del régimen, de quienes, frente a las cámaras de TV o los micrófonos de la radio, han sido los portavoces de la guerra sucia y hoy se presentan como valientes críticos de un gobierno que aún no ha tomado posesión y del que ya se dicen víctimas.

Hablo de dueños de medios impresos y de concesionarios de medios electrónicos que sirven al poder y, al mismo tiempo, se sirven de los poderosos. Hablo de los miles de millones de pesos del erario que los gobiernos panistas y priistas han gastado para comprar su ruido o su silencio, según venga al caso.

De esos periodistas y esos medios que, con Felipe Calderón, salieron a justificar la guerra con la que este pretendió ganar una legitimidad de la que de origen carecía, se volvieron eco de sus histéricas arengas patrióticas y se empeñaron en glosar las “hazañas” de las fuerzas armadas y los cuerpos policiacos.

De los que con Peña Nieto acordaron guardar ominoso y cómplice silencio frente a una guerra que siguió cobrando vidas a mansalva y se empeñaron en cerrar los ojos y la boca ante los escándalos de corrupción de este gobierno.

Este dinero, el que se ha dilapidado, en columnistas y medios es el que López Obrador necesita para las becas de los jóvenes, para los salarios de los aprendices. Esta es la plata que tanta falta hace para la cultura y la salud.

Que la imagen del nuevo gobierno, de sus funcionarios, de sus dependencias se construya solo con sus propios hechos. Ni un peso más en spots, en campañas publicitarias insulsas, en entrevistas, en gacetillas, en falsos reportajes. Periódicos, estaciones de radio y canales de TV deberán encontrar otros medios legítimos de subsistencia.

De su audacia en la búsqueda de la noticia, su integridad en el registro de los hechos y su creatividad en la presentación de los mismos y no de nuestros impuestos han de vivir de ahora en adelante periodistas y medios. Así plantados frente al poder, sin coludirse con él, podrán acompasar, acelerar, hacer más profunda e irreversible la transformación democrática de México.

Es necesario y urgente terminar con esa aberrante sumisión de la prensa al poder y la aún más aberrante sumisión del poder a la prensa. 30 millones de votantes nos hemos pronunciado contra esos gobernantes, ineptos, corruptos y banales esclavos de la pantalla, de los encabezados, de la radio, que una y otra vez, repite sus palabras. Imposible escribir estas líneas sin pensar, con dolor y rabia, en Miroslava Breach, en Javier Valdez, en tantos otros periodistas asesinados en México. En sus cuerpos acribillados tendidos en las calles. En sus libretas ensangrentadas, en sus cámaras rotas, en el silencio impuesto a punta de balazos.

Imposible escribir estas líneas sin pensar en aquellas y aquellos reporteros que se juegan el pellejo a cada instante en las calles y campos de este país herido. Sin rendir un homenaje a quienes ni se venden ni se dejan extorsionar o intimidar por el poder y solamente se someten a una dictadura: la de los hechos.

No tengo ya la edad, las condiciones, el valor de seguir los pasos de las y los periodistas que registran y cuentan lo que en este país estamos viviendo. Los admiro, los respeto, cuentan con mi solidaridad y apoyo. Reconozco, porque la “verdad nos hace libres”, la enorme importancia de su labor. Sin ellas y ellos, sin el sacrificio de quienes en el cumplimiento del deber han caído, el cambio no se habría producido, la esperanza no tendría, todavía, cabida entre nosotros.

Por Epigmenio Ibarra.
Periodista y productor de Cine y TV en ARGOS. Ex corresponsal de Guerra en El Salvador, Nicaragua, Colombia, Guatemala, Haití, El Golfo Pérsico, Los Balcanes. Ha registrado, con la cámara al hombro, más de 40 años de movimientos sociales en México y otros países.

10,975. BARTLETT, CONTRA TODA EVIDENCIA.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Dolia Estévez.
SinEmbargo. Agosto 03, 2018.

Foto: Diego Simón, Cuartoscuro.

Washington, D.C.—Manuel Bartlett siempre ha negado su complicidad en los crímenes que ocurrieron en los seis años que, como secretario de Gobernación (1982-1988), fue el hombre fuerte del sexenio de Miguel de la Madrid. Se presenta como un simple actor de reparto y no el protagonista central. Tergiversa la historia para justificarse. Culpa a otros del fraude de 1988 que robó la presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas. Se dice víctima de una “embestida” nacional. Sobre el espionaje, la tortura, los homicidios, la censura e intimidaciones que abundaron durante su gestión al frente de la secretaría que todo lo controlaba, dice no saber nada.

Su negro pasado rebasa con creces su retórica nacionalista de hoy. No hay nada en sus escasos años de converso que justifique premiarlo. A estas alturas del juego, es ingenuo esperar una explicación honesta y autocritica. Una disculpa a los agraviados; al pueblo de México. Mucho menos un acto de contrición de cara al juicio de la historia. Imposible imaginar a un político vivo que haya hecho más daño a la democracia que el futuro director de la Comisión Federal de Electricidad.

***

CARDENISTAS ASESINADOS.

El 2 de julio de 1988 —cuatro días antes de la elección en la que se pronosticaba el fin de la dictadura del PRI— fue asesinado Francisco Ovando Hernández, colaborar de Cárdenas a cargo de centralizar los resultados de la elección a través de un mecanismo de información en tiempo real. Román Gil Heráldez, asistente de Ovando, también fue baleado. Son “crímenes políticos” para enviar un mensaje de “intimidación”, denunció un sombrío Cárdenas. Pidió una reunión urgente con Bartlett, quien además de dirigir la Dirección Federal de Seguridad (DFS), presidía la Comisión Electoral. “Mientras los dos se reunían en las oficinas de Bartlett, partidarios de Cárdenas se manifestaban afuera para culpar al Gobierno de los asesinatos” (The New York Times 05/07/1988). La muerte de Ovando facilitó el fraude que Bartlett instrumentó
cuatro días después.

EL FRAUDE DE 88.

En sus memorias, de la Madrid narra la frenética escenificación del fraude la negra noche del 6 de julio. A las 10 y media, Bartlett le dijo que en el Valle de México el conteo “venía fuerte” contra el PRI. “Sentí que me caía un cubetazo de agua helada. Me surgieron temores de que los resultados fueran similares en todo el país, eso es, que el PRI perdiera la elección presidencial”. Jorge de la Vega, líder del PRI, le dijo que era necesario proclamar la victoria de Carlos Salinas. Posicionar al PRI como ganador sin cifras que lo sustentara y con las tendencias muy en su contra. “Es una tradición que no podemos romper..”, insistió. “Me comuniqué entonces con Bartlett…cuando le expliqué el punto de vista de De la Vega, se manifestó de acuerdo. Reconoció que era necesario que Salinas se proclamara triunfador. Todos teníamos los nervios de punta. Me imaginé encabezados de periódicos aterradores, que dijeran algo así como: “Cárdenas proclama su triunfo y el PRI calla (Cambio de Rumbo, 2004)”. Los resultados iniciales indicaban que el PRI se encaminaba a una derrota tipo tsunami. Estaba perdiendo la presidencia y el Congreso. Pero cinco días después, cuando Bartlett finalmente terminó de maquillar los resultados oficiales, la Comisión Electoral a su cargo validó el fraude a favor de Salinas.

CÁRDENAS.

Pregunté a Cárdenas si Estados Unidos metió la mano en el fraude. “El fraude se cometió directamente por el Gobierno de México, con Miguel de la Madrid en la Presidencia, Manuel Bartlett en Gobernación y un sistema paralelo de conteo de votos. Éste tenía la información real y la que presentaban públicamente era otra”, me respondió (SinEmbargo 05/05/2017).

A LAS ÓRDENES DE LA CIA.

Bartlett dio luz verde para que la CIA, en atropello a la soberanía nacional, operara en el país como si fuera colonia estadounidense. Instruyó a la DFS para que facilitara a la CIA el espionaje contra la KGB, los cubanos y grupos de izquierda centroamericanos (The New York Times 23/06/1985).

BUENDÍA.

En 1984, agentes de la DFS asesinaron a Manuel Buendía, el periodista que investigaba el vínculo entre la CIA, la DFS y el narco. José Antonio Zorrilla, el director de la DFS que recibía órdenes directas de Bartlett, fue hallado culpable. Bartlett resultó impune. Dijo que no era responsable de los crímenes de la DFS (The Wall Street Journal 05/03/1997). En 1989, el expediente de Buendía fue cerrado. Los autores intelectuales siguen libres.

CAMARENA.

En un juicio en Los Ángeles en 1992, Bartlett fue acusado por dos informantes pagados por la DEA de haber estado presente en una reunión donde se “discutió” el asesinato de Camarena y luego en la residencia en Guadalajara donde fue torturado y asesinado en 1985. Bartlett rechazó los alegatos. Los atribuyó a una “conspiración” en su contra. En 1997, Bartlett contrató a una firma de abogados californiana para limpiar su nombre. Pero el Departamento de Justicia le dijo que quería que testificara ante un Gran Jurado en Los Ángeles. Bartlett consideró un insulto la invitación. Desde entonces no ha vuelto a viajar a Estados Unidos. (The New York Times 19/02/1998). “Hace mucho que no voy a Estados Unidos. No quiero ir. Pero no estoy vetado de viajar”, dijo esta semana (Proyecto Puente 02/08/2017). En un momento dado, Washington sopesó acusarlo penalmente en relación al caso Camarena, pero desistió porque las pruebas que presuntamente lo implicaban no eran sólidas y temía desestabilizar a Salinas. Bartlett era su secretario de Educación (The New York Times 31/07/1995). El caso Camarena marcó a Bartlett. Se dice que Washington vetó sus aspiraciones presidenciales en 1988.

FOBIA CENTROAMERICANA.

Para Bartlett, la emigración centroamericana era una plaga que había que frenar. Anunció restricciones en las visas para centroamericanos que huían de la violencia política en búsqueda de refugio en México y Estados Unidos. Los acusó, particularmente a los salvadoreños y guatemaltecos, de “robar empleos a los mexicanos” y provocar “presiones sociales debido al exceso en la demanda de todos los servicios”. En 1983, ordenó reforzar la frontera con Guatemala. El permiso a las aerolíneas para emitir visas a 14 países en Centroamérica, Sudamérica y el Caribe fue revertido. Las visas se limitarían, dijo, para los emigrantes que pudieran probar solvencia económica (The New York Times 22/06/1983). Fuerte contraste con el trato compasivo de Andrés Manuel López Obrador hacia los migrantes.

***
La incorporación al gabinete de este Tiranosaurio Rex con las garras manchadas de sangre, no es el fin del país (Tatiana dixit), pero tampoco el prometido nuevo amanecer. Es un decepcionante arranque del Gobierno que dice querer enterrar el pasado y hacer historia.

Twitter: @DoliaEstevez

Por Dolia Estévez.
Dolia Estévez es periodista independiente en Washington, D.C. Inició su trayectoria profesional como corresponsal del diario El Financiero, donde fue corresponsal en la capital estadounidense durante 16 años. Fue comentarista del noticiero Radio Monitor, colaboradora de la revista Poder y Negocios, columnista del El Semanario y corresponsal de Noticias MVS. Actualmente publica un blog en Forbes.com (inglés), y colabora con Forbes México y Proyecto Puente. Es autora de El Embajador (Planeta, 2013). Está acreditada como corresponsal ante el Capitolio y el Centro de Prensa Extranjera en Washington.

10,974. EL EFECTO AMLO.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Diego Petersen Farah.
SinEmbargo. Agosto 03, 2018.

El triunfo de López Obrador ha metido al país a discutir cosas que antes parecían inamovibles. Foto: Cuartoscuro.

Llámenlo como quieran, pero el triunfo de López Obrador ha metido al país a discutir cosas que antes parecían inamovibles. Los dogmas de la religión neoliberal, y peor aún, los dogmáticos sacerdotes del neoliberalismo negaban cualquier posibilidad de cuestionar asuntos tan básicos como el gasto del Gobierno, el reparto del presupuesto, la corrupción, la forma de entender el ejercicio de Gobierno, etcétera.

Soy agnóstico y la religión de los amlovers me causa la misma urticaria que la de los neoliberales. Partiendo que en los dos bandos hay más creencias que argumentos, también es cierto que el cambio de credo en el Gobierno provoca una muy sana desmitificación de esos elementos que conforman el corpus de creencias en las ideologías políticas. Solo por eso cualquier alternancia es positiva.

Hoy resulta que sí es posible reducir los gastos y los sueldos en el Poder Judicial, no de la forma en que propone el Presidente electo, pero de que hay margen hay margen. Hoy resulta también que el poder legislativo puede operar con la mitad de los recursos, que efectivamente existen abusos, denunciados desde hace años por los medios y la sociedad civil, que en nada contribuyen a buen ejercicio del poder. Hoy resulta incluso que el aeropuerto puede costar 800 millones menos.

Alguna vez, hace ya muchos años, escribí que la tragedia de Fox era que, hiciera lo que hiciera -ciertamente no hizo mucho-, nada superaría a lo hecho el primer día: sacar al PRI de Los Pinos era un acto simbólicamente tan fuerte que resultaba insuperable. Después de ponerse la banda presidencia como el primer Presidente de la alternancia en el México moderno, lo único que quedaba era bajar y desilusionar. Algo similar le puede ocurrir a López Obrador si no administra su capital político. La sacudida al sistema ha sido de tal magnitud que en sí mismo el efecto AMLO es ya positivo para el país. El impacto en la forma de entender la vida pública apenas un mes después de la elección ha levantado tal expectativa, ha sacudido tantos árboles, ha generado tan altas ilusiones en los creyentes, que el descenso puede más acelerado de lo que esperan.

Los racionales podemos decir que está científicamente comprobado que el próximo Presidente y el próximo y el próximo serán un fracaso, no porque AMLO o quien venga después serán malos presidentes sino porque siempre ponemos en ellos la expectativa de un cambio que no queremos los ciudadanos no queremos hacer.

La fe permite encontrar fuerzas para combatir a una realidad que por momentos se presenta como invencible. Ese es el sentimiento que priva en el país tras el derrumbe del sistema de partidos que había secuestrado la vida pública los últimos 30 años. La pregunta es hasta dónde esa fe puede llevar el efecto AMLO en la vida pública del país.

Por Diego Petersen Farah.

10,973. BARTLETT: ¿Y CHIHUAHUA 86?


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Francisco Ortiz Pinchetti.
SinEmbargo. Agosto 03, 2018.

Bartlett Díaz fue protagonista central, ejecutor personal del fraude electoral más documentado en la historia de México, en los comicios estatales de Chihuahua en 1986. Foto: Cuartoscuro.

El mito de la “caída del sistema” ha desvirtuado totalmente lo ocurrido en las elecciones presidenciales de 1988 y ha permitido a Manuel Bartlett Díaz escabullirse cínicamente para evadir su evidente responsabilidad. Equivocadamente se considera a ese hecho como el instrumento central del presunto fraude electoral. En realidad se trató de una suspensión temporal y seguramente voluntaria del PREP, que no tiene nada que ver con la realización de acciones ilegales para alterar el resultado electoral.

Bartlett Díaz, entonces secretario de Gobernación y como tal presidente de la Comisión Federal Electoral, hace malabares verbales para no afirmar ni negar la consumación de un fraude a favor de Carlos Salinas de Gortari, como denunció la oposición encabezada por los candidatos Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel J. Clouthier del Rincón y Rosario Ibarra de Piedra, pero luego atribuye semejante atraco a un supuesto pacto secreto entre el PRI y el PAN evidenciado en la quema de los paquetes electorales… casi cuatro años después.

En el colmo de la simulación, el recién designado como próximo director general de la Comisión Federal de Electricidad CFE), logró a través de los años transformarse en un demócrata consumado y un patriota nacionalista que defiende las mejores causas, lo que hoy es justificación para su cuestionado nombramiento. Convirtió la dichosa “caída del sistema” –frase atribuida por cierto a Diego Fernández de Ceballos– en una coartada.

Dos años antes, sin embargo, Bartlett Díaz fue protagonista central, ejecutor personal del fraude electoral más documentado en la historia de México, en los comicios estatales de Chihuahua en 1986. Es el primero y único caso en materia electoral que ha merecido una resolución contraria al gobierno mexicano de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Y de eso no puede escapar.

No hablo de oídas. Me tocó cubrir como reportero ese proceso electoral chihuahuense de manera ininterrumpida durante más de cuatro meses, para el semanario Proceso. Antes y después de los comicios de ese año pude documentar las maniobras urdidas desde la oficina del secretario de Gobernación para impedir a través del llamado “fraude patriótico” que el panista Francisco Barrio Terrazas se convirtiera en el primer gobernador de oposición en la historia. Una eventual victoria suya ponía en evidente peligro para el sistema la sucesión presidencial que ocurriría dos años más tarde, en 1988.

En vísperas de la jornada electoral del 6 de julio publiqué los pormenores del Plan Bartlett para detener al PAN en el estado más grande del país. A partir de las confidencia de un funcionario clave del gobierno estatal encabezado por el mandatario interino Saúl González Herrera, pude describir las maniobras preparadas por los estrategas de Gobernación para adulterar el resultado electoral. Serían aplicadas directamente, como ocurrió, por enviados del propio Bartlett Díaz, que habían desplazado del manejo de las elecciones a los operadores del gobierno estatal. Todo esto fue corroborado después por varios “chacales arrepentidos”, cuyos testimonios fueron también publicados en el semanario y algunos medios locales.

La manipulación del padrón electoral y la negativa de registro o la expulsión de los representantes de la oposición en las casillas fueron elementos claves. Constaté y documenté también toda la gama de fechorías a la que se recurrió durante el desarrollo de la votación, con datos, casos concretos, nombres y testimonios de los ciudadanos despojados.

Bartlett Díaz asumió personalmente la defensa de la “legitimidad” de esa elección. Uso todo su control sobre los medios. Y cuando 20 artistas e intelectuales (entre ellos Octavio Paz, Héctor Aguilar Camín, José Luis Cuevas, Enrique Krauze, Lorenzo Meyer, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska y Gabriel Zaid) firmaron un célebre desplegado en el que “dadas las fundamentadas dudas” sobre esa legalidad, pidieron la anulación de los comicios chihuahuenses, el secretario de Gobernación se reunió con ellos en una cena para tratar de rebatir sus impugnaciones. Luego, insistente, intentó convencerlos por separado.

También maniobró a través del entonces delegado apostólico Jerónimo Prigione, su amigo, para que el Vaticano desautorizara la suspensión del culto acordada por los obispos de la entidad (Adalberto Almeida, de Chihuahua; Manuel Talamás, de Ciudad Juárez; y José Llaguno, de la Tarahumara), respaldados por sus sacerdotes, comunidades eclesiales de base y varias organizaciones sociales, como protesta por el fraude electoral.

El PAN recurrió a todas las instancias nacionales para exigir la anulación, sin resultados, y llevó luego el caso a la CIDH de la Organización de las Naciones Unidas (OEA), apoyado por amplia documentación, incluida la publicada por Proceso. Luego de tres años de investigación, la Comisión emitió su resolución 1/90, el 17 de mayo de 1990. Determinó, en un documento sin precedente para nuestro país, que “el gobierno mexicano no respetó los derechos políticos y electorales de los ciudadanos (…), al no existir recursos jurídicos internos efectivos que los amparen contra su posible violación”.

La CIDH calificó como “graves y trascendentes” las violaciones a los derechos políticos ocurridas en Chihuahua 86 (caso 9828) pues “se objetan los procedimientos legales dirigidos a modificar la legislación electoral para proporcionar mayor control al partido de Gobierno, diversos hechos durante la campaña electoral —empleo de fondos y otros recursos públicos; presiones para coartar la libertad de expresión; eliminación de personas de los padrones electorales; empadronamiento de personas inexistentes; creación y cancelación arbitraria de casillas electorales— y durante el acto eleccionario —relleno de urnas; apertura anticipada de casillas electorales; cambio de ubicación de casillas electorales; negativa a reconocer representantes de partidos de oposición; fuerte presencia de militares y policías el día de la elección…”

El gobierno mexicano nunca negó los cargos. A pesar de que nuestro país es miembro de la OEA y de que suscribió –y la Cámara de Senadores ratificó– la Convención Americana de Derechos Humanos, por lo que sus ordenamientos tienen rango constitucional, la Secretaría de Relaciones Exteriores se limitó a emitir, la noche de ese mismo 17 de mayo, un boletín de prensa en el que afirmaba que esa comisión “carece de competencia para emitir juicios sobre procesos electorales de un país determinado, por tratarse de actos que caen dentro del dominio reservado de cada Estado”.

Con esos antecedentes –además de las sospechas de su participación en el asesinato del periodista Manuel Buendía Tellezgirón en 1984, las amenazas a los directivos de Proceso y otros casos de represión a comunicadores— Andrés Manuel López Obrador ha decidido poner a la CFE en manos de Bartlett Díaz, lo que ha provocado un alud de críticas y elucubraciones. La opinión más sensata al respecto, sin embargo, la emitió la futura secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, ex ministra de la Suprema Corte de la Nación: “La responsabilidad del señor presidente es nombrar a su gabinete”, dijo. “Él sabe y tiene sus razones por las cuales ha nombrado a cada uno de nosotros en las diferentes posiciones”. Válgame.

@fopinchetti

Por Francisco Ortiz Pinchetti.
Fue reportero de Excélsior. Fundador del semanario Proceso, donde fue reportero, editor de asuntos especiales y codirector. Es director del periódico Libre en el Sur y del sitio www.libreenelsur.mx. Autor de De pueblo en pueblo (Océano, 2000) y coautor de El Fenómeno Fox (Planeta, 2001)

10,972. MISERABLE FARSA.

LA FERIA

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

Miserable farsa.
En la familia del lado materno-toluqueño de este menda, siempre que había dudas sobre la calidad moral de algún joven que pretendiera entablar trato de noviazgo con alguna jovencilla del clan, se recurría sin dudar a los servicios de análisis y vivisección moral de la ochentona tía Victoria, señora de “amplia experiencia” (en vida tuvo más camas que la Cadena Sheraton), pues bastaba una charla informal de unos cuantos minutos con el desprevenido doncel, para que ella supiera con precisión cuáles eran sus intenciones y si portaba malas mañas. No fallaba nunca: -“Los huelo” -decía la tía; ha de haber sido eso.

Como bien sabe usted, los autores clásicos (en cuestiones de Estado, sociedad y política), plantean que hay varias formas legítimas de gobierno con sus correspondientes degeneraciones. La monarquía -el gobierno de una sola persona-, puede acabar (mal), si se transforma en tiranía; la aristocracia -el gobierno de  los mejores-, puede corromperse y llegar a oligarquía -cuando gobiernan unos pocos sin más mérito que su clase social-, o hasta terminar en plutocracia, que es cuando mangonean solo los ricos.

No está exenta la sacra democracia de estos riesgos. Sí, se puede corromper y llegar, primero, a demagogia y en casos terminales, transformarse en oclocracia, a resultas del hartazgo social de las mieles de la cleptocracia -los rateros en el gobierno-, que suele infectar a los demócratas de mentiritas.

Oclocracia, palabreja hasta difícil de decir, es el gobierno de la muchedumbre como escribió Polibio 200 años antes de Cristo, quien afirma: “Cuando la democracia se mancha de ilegalidad y violencias, con el pasar del tiempo, se constituye la oclocracia” (ya sabe usted, está en “Historias”: VI; 3, 5-12; 4, 1-11).

No faltará un ingenuo que diga que no suena tan mal, pero sucede que “muchedumbre” no es igual a “pueblo”, porque “muchedumbre” es la palabra con que los estudiosos se refieren -haciendo cara de fuchi-, a la masa, al gentío, aglomeración, tropel, chusma, multitud, tumulto, caterva… la manada pues, que opina sobre asuntos públicos sin conocimiento real y apoya con voluntad viciada,  irracionalmente, leyes, propuestas o proyectos que no encausan hacia el buen gobierno; aunque a veces esa voluntad viciada obedezca a un legítimo hartazgo de la plebe.

Por eso, en democracia, una vez que el pueblo vota, lo que sigue es que los elegidos para gobernar lo hagan con los que saben y nada más con ellos: legisladores, jueces, especialistas en asuntos de educación, salud, seguridad, economía, obras públicas. La democracia no exige consultar siempre y en todo a todos. Faltaba más.

Una característica de los gobiernos democráticos es precisamente que tienen la fuerza suficiente para resistir a la muchedumbre. Está bien, pero eso tiene un peligro, pues no es tan raro que un gobierno democrático le tome gusto a ejercer la fuerza del Estado para atajar los legítimos deseos y exigencias del pueblo y actúe como tiranía. Pasa.

Entonces, ya quedamos: la democracia se puede corromper, pasar a demagogia y acabar en oclocracia. ¿Cómo?, ¿para qué?... ¡ah!, pues resulta que el gobierno de la muchedumbre es casi siempre pura apariencia y que tras la muchedumbre, se oculte un autócrata que se escuda en los deseos de la mayoría -y en democracia ¡la mayoría manda!-, debidamente manipulada por el carisma del líder, con cataratas de propaganda, con dádivas y “programas sociales” (o una mezcla de todo eso). ¡Oh sí!, lamenta el del teclado darle estas nuevas.

Nada hay nuevo bajo el Sol; ya Rousseau (1712-1778), explicaba: “(…) la democracia degenera en oclocracia cuando la voluntad general cede ante las voluntades particulares, por ejemplo por artimañas de asociaciones parciales” (El Contrato Social, II, 3). No se tragaba el cuento don Juan Jacobo de que la masa mandara, tenía muy clarito que era, precisamente, una manera de manipular al pueblo, de parte de un particular o de “asociaciones parciales”. ¡Ándele!

El autócrata, quien concentra y ejerce a su capricho el poder, recurre a veces al truco de aparentar democracia mediante la oclocracia, para mantener sus acciones y decisiones sin contrapesos, límites, ni al alcance del juicio de las instituciones legales. “Lo pide la gente”, argumenta, sabiendo que él induce a la masa a exigir lo que él desea. Por otro lado, el autócrata suele rodearse de incondicionales, variante enmascarada del nepotismo.

Para los autoritarios y populistas que resuelven las cuestiones políticas y de gobierno imponiendo su criterio manipulando la opinión pública mediante el referéndum y la consulta popular, es que se acuñó el peyorativo término “bonapartista” (en referencia ¿a quién cree?... ¿a Napoleón Bonaparte?... no, pero estuvo cerca, a Luis Bonaparte, sobrino del otro, que dio un golpe de estado diciendo que “el pueblo lo exigía”). Por cierto, el término “bonapartista”, se le ocurrió a Carlos Marx con otro sentido, pero es de él. Pa’ que se lo sepa.

En México estamos curados de espantos con los sucedáneos de democracia que nos han recetado desde hace ya más de 80 años nuestros políticos. Últimamente hemos andando cerca de las faldas de esa señora de gorro frigio (que debió ser píleo, pero… otro día, es largo), no podemos presumir de ser una democracia así como de exhibición, pero vamos acercándonos.

Hemos sufrido demagogos y hasta en algún grado, cierto tipo de oclocracias con algunos presidentes que retacaban el Zócalo para que las masas demostraran públicamente su apoyo. Por algo los “acarreados” son patente mexicana. Pero son cosas de antaño, cosas que nos dejaron como a Las Abandonadas del poema (cursi y malo, que todos sabemos).

Ahora nomás falta que AMLO, indiscutible y legítimo ganador de la elección presidencial, sin darse cuenta o con intención, quiera escudarse en las consultas populares y referéndums. Ojalá no. Ojalá sepa lo que también dijo Marx: “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”.

10,971. EL PODER JUDICIAL.


Reporte- Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

El Poder Judicial.

Tenemos que tener fe en que la bondad puede prevalecer sobre la maldad, la honestidad sobre la corrupción, y la justicia sobre la impunidad. Fernando Elizondo Barragán.     

El cartón de Leo Sátira refleja la imagen que los jueces han proyectado no sólo en nuestro país, sino en toda Latinoamérica. Un juez sostiene con la mano derecha en alto, la balanza de la justicia, en la mano izquierda sostiene un mazo, símbolo de poder, tiene los ojos vendados. Un fajo de billetes inclina la balanza, mientras el juez se pregunta: “¿Quién dijo que el crimen no paga”.

El pueblo percibe que los jueces están del lado de los poderosos, esta percepción es verdadera; como lo vió el filósofo francés Luis Althusser, el poder judicial es un aparato de Estado, una estructura diseñada para el control social; los principios universales y los valores morales son utilizados por el Poder Judicial, que ha traicionado sus valores convirtiéndose en un poder viciado por los privilegios.

El Poder Judicial, junto con el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo constituyen la estructura principal del Estado. En algunos países de Latinoamérica el Poder Judicial y el Poder Legislativo están sometido al Poder Ejecutivo y desde los años 80´s un nuevo poder ocupó un espacio importante, el Cuarto Poder, el poder de los cárteles criminales cuya influencia corruptora en el Poder Judicial es notoria.

Los principios de imparcialidad, justicia y verdad que deberían de ser los cimientos imbatibles del Poder Judicial de cualquier república que se diga democrática, deberían de llevar a la democratización de este Poder, secuestrado por los partidos políticos y los gobiernos dictatoriales. La democratización del Poder Judicial implica devolver al pueblo la autoridad para designar a los jueces que serán parte de la suprema corte, cabe señalar que en un régimen como el de los pueblos originarios, tanto el Poder Legislativo como el Judicial no son necesarios, y de serlo, estarían bajo la autoridad del pueblo, de la asamblea popular.

Pero en México y Chile las cosas siguen de mal en peor, luego de que a principios de julio un abogado chileno y los familiares del cantautor Víctor Jara lograran una victoria histórica contra el sistema, contra el Poder Judicial, al vencer incluso la repudiada ley de amnistía y lograr el arresto de los homicidas y la reparación del daño, esta semana la Suprema Corte del país sudamericano ordenó la liberación de 6 militares y 1 policía condenados por crímenes de lesa humanidad, las protestas de los familiares de las víctimas de Augusto Pinochet, así como de organismos de derechos humanos no se hicieron esperar, pero el golpe a los derechos humanos estaba dado. La Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Chile manifestó su repudio  la decisión de la Suprema, una decisión que alienta la impunidad: "da la espalda al derecho internacional y violenta tremendamente a quienes hemos luchado por cimentar el nunca más".

Los militares y el policía condenados cumplían sentencias mínimas dado el nivel de los crímenes cometidos, por ejemplo el coronel retirado Moisés Retamal, cumplía una condena de sólo seis años de cárcel por el secuestro calificado de tres ciudadanos uruguayos en 1973, y el brigadier Emilio de la Mahotiere, purgaba una condena  a tres años y un día como cómplice y encubridor de asesinatos de opositores de la dictadura.  ¿De qué lado están los jueces?, como decía el poeta “poderoso caballero es don Dinero”.

jueves, 2 de agosto de 2018

10,970. ¿QUÉ POLÍTICO ES “DON SOL”? TODOS, UN MOSAICO DE LOS LOCOS POR EL PODER EN MÉXICO: HUMBERTO BUSTO.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd, de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Mónica Maristain.
SinEmbargo. Agosto 02, 2018.

Conrado Sol es un personaje literario y Humberto Busto hizo un mosaico de los políticos. Foto: Netflix.

Humberto Busto es Conrado Sol, un personaje tan importante como “El Chapo”, en la tercera temporada de la serie y que concluye con uno de los thriller políticos mejor logrados por Netflix. Entre Marco de la O (Joaquín Guzmán Loera) y Conrado Sol están las mejores escenas de la serie El Chapo, dirigida por Ernesto Contreras, escrita por Silvana Aguirre y producida por Daniel Posada.

Ciudad de México, 2 de agosto (SinEmbargo).- Humberto Busto (1978), actor, director y productor, está viviendo uno de los papeles más importantes de su vida, mientras filma en Colombia Diablero, con dirección de J.M. Cravioto y Rigoberto Castañeda, donde ejerce un rol absolutamente distinto a Conrado Sol, en El Chapo.

En la tercera temporada sobre la vida y obra de Joaquín Guzmán Loaera, el Ministro del Interior del Gobierno de Enrique Peña Nieto es literario y toma decisiones shakespearanas, como matar –lamentamos el spoiler- al hombre que ama y al que lo ha perseguido rumbo a Monterrey.

El Chapo no es una serie sobre narcos. Es una serie política y todo lo que los funcionarios hacen para no quedar afuera del negocio y volverse ricos o poderosos a la sombra de la marihuana, la heroína, la cocaína, la meta.

Dirigida por Ernesto Contreras y protagonizada por Marco de la O, todavía no se sabe si habrá una cuarta temporada. Hay rumores del estreno el año que viene de un spin-off, pero lo cierto es que desde el 25 de julio “El Chapo” Guzmán vive su extradición a los Estados Unidos, mientras el narcotráfico y los políticos en México siguen su guerra y su periplo sin interesarse por él.

Traicionarse a sí mismo es lo que decide. Foto: Netflix.

Si esta temporada de la serie, escrita por Silvana Aguirre (una investigadora peruana de Univisión), Carlos Contreras y Alejandro Almazán, producida por Daniel Posada. El elenco funciona luego de tres temporadas como una gran familia y juntos han tenido que lamentar la muerte temprana de Juan Carlos Olivas, que hacía de “El Güero” (socio principal de “El Chapo”), víctima del cáncer.

Esta es una nota a Humberto Busto, quien nos cuenta en quién se inspiró para su personaje y nos habla de cómo soñaba con esas situaciones tremendas que tuvo que afrontar en la serie El Chapo.

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–Tu personaje es casi tan importante como “El Chapo” en la serie.

–Pues, sobre todo tuve la fortuna de toparme con un proyecto que quería salirse del parámetro normal de las narcoseries que están en el mercado. El proyecto estuvo concebido desde el principio como un thriller político en el mundo del narcotráfico. Obviamente desde el momento que se plantea un proyecto así, desde los creadores y los escritores, lo que querían era hacer un paralelismo a manera de espejo entre lo que sucedía con la historia de Joaquín. Y la historia de mi personaje que además pudiera tener la libertad, porque era un personaje de ficción, de poder vincularlo con muchísimos políticos mexicanos y sobre eso ampliar el espectro sobre el tema y que la gente tenga una visión mucho más panorámica de cómo un personaje como Joaquín no surge por una generación espontánea, sino por una coyuntura de situaciones sociales, políticas y económicas que hemos venido arrastrando desde hace muchas décadas.

–Si se hubiera pasado durante el proceso electoral se habría visto todo lo que negociaron el PRI y el PAN con “El Chapo”.

–Las elecciones son para todos un elemento fundamental porque fueron unas elecciones trascendentales lo que estamos viviendo. La cuestión de decidir era no saber exactamente qué iba a suceder, lo que sucedió en las últimas semanas. Siempre fue una prioridad en la serie es que al final de cuentas plantea de una manera más profunda la ambivalencia y las contradicciones de estos personajes, para que no sean ningún arquetipo. Que no se puedan admirar ni poner en un altar. Se trata de hablar de la contradicción humana, en donde tú eres capaz de sacrificar lo que queda de tu humanidad, de sacrificar a otro, de sacrificar a un país incluso, por un beneficio absolutamente egoísta y personal como es el poder sentarse en una silla presidencial. Los votos de la gente fueron un grito de guerra en contra de Don Sol, quien ha movido los hilos del poder durante tantos años.

–Hay dos cosas que me llamaron la atención durante la tercera temporada. Una es que no se detenga la cámara en las situaciones de tortura y la otra –no sé si voy a spoilear- el asesinato que haces a la persona que amas

–Sí, cuando me invitaron a la primera junta que tuve, yo estaba reacio a participar porque sentía que las narcoseries se hacían de manera irresponsable. Desde el primer momento que me senté con los creadores y los escritores, ellos me dijeron lo que iba a suceder en el último capítulo de la tercera temporada con Don Sol. O sea la estructura está hecha desde mucho antes, filmamos durante un año las tres temporadas seguidas, como si fuera un solo proyecto. No se fue como inventando algo y obviamente sobre la muerte de la persona que ha amado Sol, se planteaba al principio de cómo se le iba a ir de las manos el personaje que empieza como asistente del partido hasta qué grado es capaz de llegar. La única oportunidad que tiene de cambiar su propia historia, de ser fiel a sí mismo, de ser libre, de ver a los ojos con sinceridad y lealtad a otro ser humano, él decide sacrificarlo. Te lo cuento y se me pone la piel chinita. Lo más interesante de Don Sol y del conflicto humano que se plantea con ese personaje, es cómo tienes la puerta abierta de la existencia, de ser un ser humano totalmente libre y tú decides darle la espalda. Hay una frase que es fundamental en el último capítulo que es cuando dice: –Yo no quiero vivir sino es en esa silla presidencial. Yo no quiero vivir sino es siendo Presidente. Ha olvidado durante todo el camino para qué chingados quería ser presidente.

Juan Carlos Olivas, murió de cáncer a los 34 años. Foto: Netflix.

–Y decide una solución muy shakespearana.

–Totalmente. Se acaba literal de lanzándose al vacío él mismo. Cometiendo el error más grave que puede cometer: traicionarse a él. Eso me pareció maravilloso, construir esa escena pensando adónde iba a llegar. Eso como actor está increíble y es muy raro que suceda en una serie. Hay un compromiso humano con el personaje que yo soñaba, lo veía diciéndome cosas, me pasaban cosas paralelas, veía a mis propios monstruos, fue un viaje muy especial y le tengo mucho cariño.

–¿Conversaste con Ernesto Contreras lo importante que iba a ser tu personaje en la tercera temporada?

–Así estaba construido desde el principio. Como actor vas poniendo primero la semilla y luego vas potenciando lo que crece el personaje. La serie es un proyecto que abarca a muchos creadores, tantos escritores, hay una figura fundamental en la serie que es el showrunner, Silvana Aguirre es la que estuvo varios años de hacer la serie investigando con el equipo de noticieros de Univisión. Ella es peruana, vive en los Estados Unidos, se montó al barco mucho antes que todos nosotros y trajo a gente tan interesante como a Ernesto Contreras, a J.M.Craviotto, fueron como siete directores y Ernesto estuvo durante todo el proceso. Teníamos muchas ganas de trabajar juntos. Nosotros fuimos al Talent Campus de la Berlinale cuando recién empezaba esa actividad paralela del Festival, hará como unos 13 años.

–Han formado un gran elenco, han lamentado la muerte de uno de sus integrantes

–Sí. De hecho tengo una anécdota con Juan Carlos Olivas. Antes de que él muriera yo hablé con él. Fui el único del elenco que hablé con él, teníamos una relación muy cercana a pesar de que nunca nos tocó filmar juntos. Era un tipo muy espiritual y le encantaban todos los temas conspiracionales, todo lo que estaba atrás de los hechos. Una semana antes de morir habló conmigo y uno de los temas fueron sus teorías conspiratorias, ya tenía muy mal el cuerpo, el cerebro y siempre hablábamos de la serie en la que estábamos dispuestos a tratar temas tan oscuros y por eso mismo debíamos estar luminosos. Una de las cosas que tengo que es tenemos muchas escenas juntas, pero casi todas son por teléfono, entonces las hacíamos en lugares muy distintos, como una especie de encapsulamiento.

–¿Cómo te llevas con Joaquín (Marco de la O)? En la serie parece que se llevaran remal.

–Todos los actores latinoamericanos, como suele pasar, nos llevamos rebien. Todos la hemos venido chingando, todos sabemos el esfuerzo que está detrás y todos nos respetamos. Lo que me gusta como actor es aprovechar la energía del otro actor para el buen ejercicio de la ficción. Por eso me gusta tener estos juegos, de no hablarle a nadie, de tener un aura de misterios y de no pensar nada en la vida personal de Marco, no saber nada al respecto. No saber nada de nuestro mundo más íntimo y Joaquín me seguía el juego de la misma manera. Cada vez que nos vemos nos da mucho gusto.

Las escenas entre Joaquín Guzmán Loera y Conrado Sol son lo mejor de la serie. Foto: Netflix.

–¿Quién es Conrado Sol? Sabemos quién es Enrique Peña Nieto, quién es Carlos Salinas pero, ¿él?

–Hice un mosaico sobre él. Tuve un libro que me acompañó durante toda la filmación que es Historia mundial de la megalomanía, de Pedro Arturo Aguirre, donde describe a todos los personajes enloquecidos por el poder. Se han desconectado de sí mismos a partir de ese proceso. Pensaba en muchos políticos, en políticos europeos como Angela Merkel que observa antes de hablar… no sólo lo relacioné con mexicanos. Cada escena, cada capítulo, yo me servía de ese mosaico.

–¿Qué viene para ti?

–Estoy tratando de ser muy coherente con las decisiones que tomaré, Netflix me invitó a hacer un personaje antagónico en la nueva serie Diablero, que dirigirá J.M.Craviotto y Rigoberto Castañeda, una serie de ciencia ficción entre ángeles y demonios. Yo hago un personaje que se llama El Indio, que es un practicante de demonios, trata de absorber las energías negativas de los demás. Es decir, mi próximo proyecto es totalmente distinto al anterior. Este es un personaje callejero, sucio, después de usar durante todo un año el traje del Ministro del Interior, me hacía falta. Además soy director y mi ópera prima Julkita es “un grito de guerra enfocado en una superheroína de la menstruación enojada con los bastardos sin gloria que gobiernan este mundo”-. Seleccionado recientemente para formar parte del Festival de Cortometrajes de Clermont-ferrand, Francia, Humberto se reconoció entusiasmado.

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Por Mónica Maristain.
Es editora, periodista y escritora. Nació en Argentina y desde el 2000 reside en México. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx. Tiene 12 libros publicados.