sábado, 1 de septiembre de 2018

11,104. ENCUENTRO CON GOROSITO…


Por el Dr.(c) Washington Daniel Gorosito Pérez.
Docente, investigador, ensayista, articulista y poeta.
Desde el Estado de Guanajuato. México. Para
Tenepal de CACCINI

NACIONES UNIDAS: 2019 SERÁ EL AÑO DE LAS LENGUAS INDÍGENAS.

Con motivo de un aniversario más del “Día Internacional de los Pueblos Indígenas”, el Secretario General de las Naciones Unidas, el portugués António Guterres, expresó: “En esta conmemoración anual, comprometámonos a hacer plenamente realidad la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, incluidos los derechos a la libre determinación y a sus tierras, territorios y recursos tradicionales”.

Sin lugar a dudas si nos referimos a recursos las lenguas juegan un papel fundamental en la vida, historia y evolución humana, son un elemento clave en los derechos humanos, el mantenimiento de la paz y el desarrollo sostenible. Las diferentes lenguas enriquecen la diversidad cultural y el diálogo entre las distintas culturas; lamentablemente a pesar de su inmenso valor, las lenguas en el mundo siguen desapareciendo por múltiples razones.

Ante estas problemáticas, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, adoptó la resolución (A/RES/71/178) sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y proclamó al 2019 como el “Año Internacional de las Lenguas Indígenas”.

Éstas son un factor fundamental en las culturas indígenas en su relacionamiento con la educación, el desarrollo científico y tecnológico, la biósfera y el medio ambiente, la libertad de expresión, el empleo y la inclusión social. Los pueblos indígenas del planeta representan una extraordinaria y hermosa gran diversidad. Hay más de 5000 grupos distribuidos entre 90 países y hablan una abrumadora mayoría de las aproximadamente 7000 lenguas del mundo.

Demográficamente están constituidos por más de 370 millones de personas, superan el 5% de la población mundial, y sin embargo se encuentran entre las poblaciones más desfavorecidas y vulnerables representando el 15% de los más pobres. Pese a sus diferencias culturales, los pueblos indígenas de todo el planeta comparten problemáticas comunes a la hora de proteger sus derechos como pueblos diferentes. Han buscado por años el reconocimiento de sus identidades, su forma de vida  y el derecho sobre sus territorios tradicionales y recursos  naturales.

Lamentablemente, a lo largo de los tiempos, sus derechos han sido siempre violados. Como resultado de perder sus tierras, territorios y recursos como consecuencia del “desarrollo” u otras presiones, muchos migraron a las zonas urbanas y también a otros países huyendo de conflictos, persecuciones, y los impactos del cambio climático.

Incluso debemos tener presente que la idea que los integrantes de los pueblos indígenas habitan en las zonas rurales es errónea, en América Latina, el 40% de todos los pueblos indígenas habitan en zonas urbanas, en algunos países de la región hasta el 80%. La Ciudad de México, lo que fuera la mítica y señorial Tenochtitlan, se le conoce también como “Capital indígena”, debido a que 2 millones de sus habitantes pertenecen a algún pueblo originario.

En la mayoría de los casos, los pueblos indígenas que migran encuentran mejores oportunidades de desarrollo que en sus comunidades, pero al costo muy elevado de alejarse de las tierras de sus ancestros y dejar de lado muchas tradiciones, incluyendo justamente el uso de sus lenguas que muchos dejan de hablar o no enseñan a sus descendientes por la discriminación o burlas de las muchas veces son blanco.

La comunidad internacional reconoce que es necesario implementar medidas urgentes para la protección de sus derechos y mantener sus culturas y formas de vida, donde las lenguas son un elemento clave para revitalizar sus identidades.

            ¡Hasta el próximo encuentro…!
                                                        Dr. (c).Washington Daniel Gorosito Pérez.

viernes, 31 de agosto de 2018

11,103. LOS PASTELAZOS DEL ARTE CONTEMPORÁNEO.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Susan Crowley.
SinEmbargo. Agosto 31, 2018.

Regresamos al escándalo y sus consecuencias. Foto: Especial.

El arte contemporáneo nació en tiempos difíciles. La suma de movimientos artísticos que fueron surgiendo a lo largo de la historia reciente y las distintas irrupciones individuales que lo han visto madurar, han tenido que lidiar con factores ajenos a su esencia. Hijo de la posmodernidad y de los fenómenos globalizantes, ha sostenido una parte importante de su narrativa a partir de la crisis que nos afecta a todos. El arte de hoy se ha sumado a la lucha en defensa del planeta que vive uno de los más dolorosos conflictos de sobrevivencia en todos los sentidos, político, económico, social, ecológico. De todo ha pasado, lo único que no habíamos visto es una absurda discusión con pretensiones artísticas que culminara, por lo menos hasta ahora, en un pastelazo. Eso suena a una mala comedia de muy bajo presupuesto.

Hagamos un poco de historia, del arte, obviamente. En tiempos remotos el artista apelaba como regulador y censor supremo a la iglesia; más adelante, los mecenas se convirtieron en impulsores al vestir de un lujoso renacimiento las casas y palacios de Europa. Posteriormente la Academia fue un motor y réferi sistemático, no importaba que tan rígido era el esquema, el artista fungía como universitario y le rendía pleitesía. A principios del siglo XX las vanguardias fueron liberadoras y al mismo tiempo se convirtieron en las nuevas dictadoras. Este período duró muy poco y dio paso a las dolorosas purgas de los sistemas totalitarios que imperaron en el continente y obligaron al artista a crear lo que el estado exigía.

Pasados los tiempos de las grandes guerras y llegada la globalización, el arte sufrió un cambio radical. La urgencia de monetarizarse y ser parte de un sistema económico, obligó a que el arte se tasara en los mercados hasta convertirse en un comodity y entrar como una inversión segura al universo de los “casabolseros” y subastadores. Dime que es arte y yo me encargo de venderlo, ¡peligro!

Quienes atesoraron al arte como “supremo” por su valor económico debían también resguardarlo. Lo primero fue la credibilidad que se logró asesorándose con especialistas, historiadores, críticos, y dealers. Quien hasta hace poco compraba acero e invertía en papeles a futuro, hoy por el doble de precio puede considerar una inversión segura los juguetitos de Koons o los animales en formol de Hirst. De más está recordar lo que este cambio afectó al arte anterior a los años sesenta, en especial a la pintura y la escultura tradicionales. Un montón de objetos se convirtieron en las estrellas, y de la mano de ellos, inició el escándalo generado por los medios masivos. Es imposible  creer que alguien invierta sumas millonarias en objetos que no lo valen. De esta forma el arte se volvió un tema popular y llegó más rápido a más personas.

Una de las características de las múltiples y diversas manifestaciones del siglo XX y XXI es su capacidad de romper con los límites entre arte y vida. El objet trouvé de Marcel Duchamp impuso una nueva lectura que sigue siendo un paradigma. Pero el tiempo le ha dado un lugar y en la mayoría de los museos, galerías y exhibiciones y colecciones del mundo ya no es raro encontrarlo como columna vertebral. El reciclaje genera una nueva estética a la que nos vamos acostumbrando. Basura, plásticos, fragmentos de objetos en desuso, materia orgánica, látex, fibra de vidrio, llantas, vidrios, telas, y todos los etcéteras por añadir, en general ruinas del mundo actual, que sin poder considerarse objetos antiguos desde una lectura estricta, permiten, por su rápida descomposición, un aura que los dota de cualidades. Reliquias contemporáneas, nos hablan de la velocidad con la que lo útil se vuelve inútil; el desecho ha ganado terreno hasta convertirse en un poderoso gesto artístico. Pero recordemos que los objetos ordinarios dentro del ámbito extraordinario del arte no es tan nuevo, hace poco el ready made, La Fuente, (el famoso urinario invertido), cumplió sus primeros cien años.

Antiguamente, los cánones y narrativas sumados a la pureza de los lenguajes, permitían que una obra hablara desde sí misma, su capacidad de representar con eficacia un relato que interesaba a quien la patrocinaba o la ansiaba le daba un valor. En la era conceptual todo cambió, la idea que se tuviera del objeto y la capacidad de ser teorizado se convirtieron en su principio y fundamento. Ambos son correctos porque no dejan de propiciar el conocimiento. Y es que, por más que se insista en que el arte es únicamente para que nos guste, con la ampliación de criterios y teorías, hoy sabemos que es una materia de aprendizaje. Hay una gran diferencia entre una obra efímera, que incluso puede estar hecha de basura y materia orgánica y lo desechable que puede ser tanto un objeto mediocre como una crítica mediocre.

Regresamos al escándalo y sus consecuencias. En nuestros días, el intercambio barato de discursos vacíos y la descategorización de los valores artísticos en aras de ganar una  tonta e insustancial discusión (basada en la forma no en el fondo), puede llegar a parecerse a una mala obra que pretende ser arte. Puede engañar a quien está más interesado en lo inmediato y en la comidilla social que en construir una verdadera teoría. ¡Pero ojo!, ni un discurso tautológico, ni un objeto pretensioso y sin contenido, tienen un verdadero sentido ya que disminuyen los valores trascendentales del arte. Ante una batahola de descalificaciones a manera de alegatos estridentes y baratos, el objeto artístico y quien genera la polémica pierden seriedad. A cualquiera que manifieste, por sus pistolas, que el arte contemporáneo es basura y lo exprese en cualquier medio, antes de molestarse en escucharlo o leerlo hay que pedirle que se dedique a participar en los espacios adecuados para los chismes insulsos y desechables y que no se ostente como especialista.

Si hoy se tilda de performance a una lamentable acción, seguida de una torpe discusión en un museo (¿cómo las instituciones se prestan a ello?), no es culpa de la “crítica”, a la que subieron al ring. Lo lamentable es que los que se dicen artistas, participen.

En resumen, al entorno del arte aún le faltaba una vuelta más de tuerca vinculada con el poder de los mercados y con los mass media. Es quizás uno de los periodos más peligrosos porque en él caben una serie de temas que cuestionan, incluso, los verdaderos valores: ¿Quién es el mejor artista?, ¿el que más vende? ¿el que aparece en las notas de escándalo en los periódicos?, ¿el mejor crítico es el que emite discursos altisonantes?, ¿un personaje ridículo en su forma de hablar, parodia de un crítico serio, es quien debe dictar los cánones del arte hoy?, ¿somos una especie de autómatas conducidos por el escarnio y la ignorancia?. ¿Quién sabe más, el que denuesta y exagera la retórica o quien, por años, ha investigado, estudiado y profundizado el fenómeno de la contemporaneidad?

El artista debe defender su creación ante cualquier critica siempre y cuando esta venga de un sistema de valores al mismo nivel, pero si se expone a rebajarse es porque intuye que no vale. En un descuido, su éxito está en manos de los blogueros de moda que sin pensar y llenos de tácticas mediáticas ganan fama todos los días. Los verdaderos historiadores, exegetas, y desde luego los artistas, han entregado su vida para crear, explorar y traducir el arte para todos nosotros. ¿Dónde los colocamos ahora?.

¿El supuesto performance del mes tendrá alguna trascendencia? Un pastel que vuela por los aires como un misil y se impacta en el cuerpo de quien tachó de basura al graffiti. ¿También es arte?, ¿un artista debe responder y ponerse al tú por tú con quien solo busca su lucimiento personal? Una crítica bien fundamentada hace crecer a un artista cuando tiene el coraje y la capacidad de atenderla. Una crítica mediocre debe ser inocua, pasar sin pena ni gloria por prescindible.

El arte contemporáneo debe seguir hasta sus últimas consecuencias, es la única manera de incidir en los otros discursos confusos y agotados. El artista no solo hace mejor al mundo, nosotros también lo enaltecemos al observar su obra y volverla nuestra. Somos cómplices de su misterio, ese mismo que nos lleva a entrar a un museo a ver un montón de piezas y de pronto fascinarnos con una en particular.

Claro, habrá quien dirá, ante una obra que le resulte inexplicable, ¿Por qué demonios esta cosa cuesta tanto y está en un museo si cualquiera la podría hacer? Y habrá quien le explique que todo esto es una porquería y gesticulará con una falsa vehemencia. Pero nada de esto sustituirá la verdadera impronta del arte contemporáneo y menos por un pastelazo.

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@suscrowley

Por Susan Crowley.
Nació en México el 5 de marzo de 1965 y estudió Historia del Arte con especialidad en Arte Ruso, Medieval y Contemporáneo. Ha coordinado y curado exposiciones de arte y es investigadora independiente. Ha asesorado y catalogado colecciones privadas de arte contemporáneo y emergente y es conferencista y profesora de grupos privados y universitarios. Ha publicado diversos ensayos y de crítica en diversas publicaciones especializadas. Conductora del programa Gabinete en TV UNAM de 2014 a 2016.

11,102. AMLO GOBERNARÁ ENTRE NARCOS Y MILITARES.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Ricardo Ravelo.
SinEmbargo. Agosto 31, 2018.

López Obrador gobernará un país atenazado por el crimen organizado y con un Ejército cuestionado dentro y fuera de México por sus abusos de fuerza. Foto: Cuartoscuro.

La permanencia de los militares en tareas de seguridad, anunciada por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), era de esperarse. No es una buena noticia porque indica que el crimen seguirá causando violencia y ante esta realidad no hay forma de regresar a las Fuerzas Armadas a sus cuarteles. Marinos y soldados lo saben de sobra, pues llevan cuatro sexenios tratando de contener, sin éxito, la exacerbada violencia que deriva del choque entre bandas del crimen organizado y que desde hace décadas mantienen capturado al Estado mexicano.

De ahí que sigue sin entenderse la promesa de López Obrador de sacar a los militares del combate al crimen organizado, durante meses y quizá años anunciada a lo largo y ancho del país. O AMLO desconocía esta cruda realidad o bien los militares y marinos –con cuyos titulares se entrevistó en días pasados –le mostraron la realidad real: que el país está sumido en un caos que alcanza los niveles de tragedia nacional y que no hay estructura policiaca capaz de contenerla. Por eso los militares deben seguir, se quiera o no, persiguiendo narcos, asesinando y quizá desapareciendo personas en aras de la seguridad nacional. Nadie les ha exigido cuentas. ¿Lo hará el nuevo presidente? En aras de la justicia que tanto pregona, sí. De no hacerse se corre el riesgo de que las violaciones masivas a los derechos humanos continúen y, como siempre, queden impunes.

López Obrador gobernará un país amenazado por el crimen organizado y con un Ejército cuestionado dentro y fuera de México por sus abusos de fuerza. Pero AMLO sabe que no tiene otra alternativa más que asumir la realidad: del Ejército depende que la maltrecha gobernabilidad se sostenga con alfileres, como hasta ahora, porque ningún presidente ha tomado la decisión de enfrentar a la verdadera hidra de la mafia: la narco-política y su clase empresarial coludida. Esta sería una verdadera batalla contra el crimen organizado. Pero quizá estemos hablando de una utopía. Los poderes fácticos siguen intactos por todas partes, hasta en el nuevo Congreso y su gran mayoría integrada por Morena.

***

El Ejército y La Marina comenzaron sus tareas policiacas formalmente en el sexenio de Ernesto Zedillo. En aquellos años se les llevó a participar como coadyuvantes de las tareas de seguridad en la que los civiles ya estaban fallando frente al crimen. Primero se les responsabilizó de un proyecto llamado “El Sellamiento de las fronteras”, con el que se buscaba frenar el tráfico de drogas, la migración ilegal y el flujo de armas.

Luego se les otorgaron mayores concesiones y controles estratégicos, como las zonas petroleras y portuarias, entre otras. Y así tanto marinos como soldados se fueron haciendo cada vez más necesarios a grado tal que hoy son indispensables para medio contener la violencia criminal. Sin ellos privaría el caos de caos: la anarquía, no muy lejos de afincarse en algunos territorios donde ya se asoma su rostro.

Con Felipe Calderón el uso de las Fuerzas Armadas en tareas de combate al crimen alcanzó niveles de escándalo por sus fallas y excesos en el uso de la fuerza. Más de 60 mil soldados salieron a las calles a enfrentar a la criminalidad mediante los llamados Operativos Conjuntos, implementados en los estados asiento de cárteles. Aquella cruzada resultó una verdadera locura, propia de un presidente que en seis años no tuvo la cabeza en su lugar.

El Ejército cruzó la franja del desprestigio internacional por las violaciones a los derechos humanos en la que incurrieron sus efectivos y porque, lamentablemente, al término del sexenio calderonista ningún militar de alto rango fue juzgado por esos delitos. La impunidad se impuso pese a los abusos y los nulos resultados en el combate a la criminalidad.

Nadie duda que la guerra de Felipe Calderón resultó un verdadero fiasco. Hoy debemos preguntarle al ex-mandatario panista qué fue lo que realmente combatió porque, de acuerdo con los hechos, su guerra fortaleció aún más a los cárteles: los internacionalizó. Grupos criminales como Los Zetas, el Cártel de Jalisco Nueva Generación, el cártel del Golfo y el de Sinaloa terminaron extendiendo sus tentáculos a todo el continente. Desplazaron a los colombianos al quitarles el transporte de drogas hacia México y convirtieron a Costa Rica y Guatemala en las dos bodegas más boyantes de estupefacientes para luego cruzar sus cargamentos a través de Chiapas, curiosamente un estado libre de violencia de alto impacto debido a los pactos entre la mafia y el poder político.

Le tocó el turno a Enrique Peña Nieto y la situación empeoró con todo y el Ejército en funciones policiacas. Más de 140 mil muertos en seis años es el saldo que arroja un gobierno sin brújula y atenazado por la corrupción. Entre los sexenios de Peña y Calderón se suman unos 245 mil muertes impunes. Se asegura que todos tienen que ver con el crimen, pero ninguna investigación ministerial ha documentado tal afirmación. Todo indica que se trata de un barrido orquestado por el poder en el que fueron asesinados delincuentes, sí, pero también muchos inocentes. El fondo de esta cruda realidad nadie la sabrá.

A la corrupción atroz de Peña Nieto se sumó la ineficacia para enfrentar al crimen, amo y señor del país, hasta que se convirtió en gobierno en la mayoría de los estados. Hoy no se habla del poder infiltrado ni de la corrupción del narco para ablandar a la policía. Hoy el crimen es gobierno en casi todo el territorio, pues no sólo controla municipios completos y tiene a su servicio a todas las policías sino que muchos de los hombres del narco, ondeando la bandera del PRI, Morena, PRD y Encuentro Ciudadano, por ejemplo, se lanzan en busca de un puesto de elección popular financiados con dinero sucio cuyo origen nadie investiga.

De ahí que los elevados niveles de violencia no se puedan bajar. El crimen organizado en el poder no se puede combatir a sí mismo. Sólo un gran pacto mafioso, como el que se suscitó en Colombia en los años noventa, puede regresar a un país a la normalidad. Esto suena incongruente. Pero así ocurrió. En Colombia los propios mafiosos reconocieron que el país ya era invivible hasta para ellos. Y así fue como cambiaron las reglas del juego. Para llegar a ese acuerdo entre cúpulas mafiosas, Colombia tuvo que navegar por las aguas turbulentas del narcoterrorismo y la ingobernabilidad sin freno.

Los colombianos fueron testigos de cómo Pablo Escobar –prototipo del político y mafioso –detonaba sus bombas a cualquier hora del día o de la noche para atacar a los hermanos Rodríguez Orejuela, sus rivales en el negocio del narcotráfico; también atestiguaron cómo se derribaron decenas de aviones privados y algunos comerciales y también de cómo se dinamitaron varios clubes de postín a donde los representantes de la mafia –se hacían pasar como acaudalados hombres de negocios –se reunían con bellas damas de la llamada alta sociedad colombiana para inhalar cocaína y beber los vinos más caros.

Cuando la violencia en el país sudamericano alcanzó niveles de caos y de verdadera tragedia, el gobierno de Estados Unidos intervino mediante el llamado Plan Colombia que —se dijo— era un instrumento para desactivar a la guerrilla. En realidad el propósito era quebrar al narcotráfico y golpear el nervio financiero que hacía posible que se mantuvieran de pie generando ingobernabilidad. Con el paso del tiempo la violencia de alto impacto disminuyó, pero Colombia se mantuvo firme con país exportador de drogas hacia el resto del mundo. El negocio se protegió por encima de todo. Hacia ese puerto navega México.

En este espacio y en varios libros –En manos del narco (Ediciones B 2017), Herencia Maldita (Grijalbo 2006), Narcomex (Debate España 2013), entre otros, se ha sugerido que, de acuerdo con las experiencias internacionales, no existe ninguna estrategia antidrogas que haya sido exitosa si no empieza por quebrar las finanzas de la mafia. De ahí que la mayoría de los intentos hayan resultado fallidos en varios países, México, entre ellos.

Tampoco el uso de las Fuerzas Armadas ha resultado una garantía en el combate al crimen, por el contrario, los países que han utilizado este recurso han fracasado. Es el caso de El Salvador, donde la violencia, al igual que hoy ocurre en México, se elevó a niveles incontrolables.

Cuando un país echa mano del Ejército para enfrentar la inseguridad envía un mensaje muy negativo al mundo. Los militares son el último eslabón de la cadena de seguridad de un país. Cuando ésta se usa quiere decir que todo lo demás ha fallado o no está en condiciones de utilizarse. Es el caso de México, lamentablemente, donde el 80% de las estructuras policiacas están controladas por el narcotráfico y en un porcentaje similar está el control criminal a nivel de los gobiernos municipales, donde alcaldes, síndicos y regidores si no forman parte de un cártel están a las órdenes de estos grupos de la delincuencia.

Después de sus encuentros con los titulares de Marina y de la Sedena, López Obrador anunció lo que ya sabíamos: que las Fuerzas Armadas continuarán en las tareas de seguridad. Ahora se cuestiona por qué el secretario de la Defensa Nacional, el General Salvador Cienfuegos, exigió que el Congreso discutiera la Ley de Seguridad Interior para que poco a poco el Ejército retornara a sus cuarteles.

La de Cienfuegos fue casi una exigencia, hace un año, al proponer el retiro del Ejército de las tareas de seguridad. ¿Acaso fue una estrategia y lo que los militares querían era más atribuciones y, en consecuencia, más poder? ¿Por qué en cuatro sexenios no ha sido posible concretar un modelo policiaco a la altura de las exigencias del país?

¿Acaso el Ejército y la Marina no quieren dejar las tareas de seguridad? Antes de que Cienfuegos propusiera una Ley de Seguridad Interior ya era más que claro para los titulares de ambas dependencias cómo estaba el país, ellos sabían que no podían abandonar las funciones de seguridad pública y ante López Obrador fueron enfáticos: nos quedamos porque la Policía Federal todavía no puede con la responsabilidad. López Obrador terminó aceptando la continuidad militar sin ningún contrapunto.

Y así, el presidente electo tuvo que aceptar lo obvio y tácitamente retiró su ofrecimiento de campaña. El Ejército y la Marina seguirán cumpliendo tareas de seguridad en el país, aunque al nuevo presidente no le parezca.

Luego, AMLO ofreció que durante su sexenio terminarán de concretar el modelo policiaco que necesita el país. A ver si es cierto.

Si en cuatro sexenios el Ejército y la Marina no han podido quebrar al crimen organizado y bajar la violencia, ¿Cómo logrará López Obrador pacificar al país en tres años? Todavía no conocemos su estrategia.

El presidente electo ofreció amnistía al narcotráfico, no combate, y también anunció que se legalizarán las drogas, proyecto que se discutirá en la ONU el próximo año, como una forma de desactivar la violencia que azota al país. Todo esto está en proyecto. Lo cierto es que López Obrador cogobernará con el crimen organizado en buena parte del país y durante un buen tramo de tiempo; que no existe una estrategia diferente, por ahora, y que los mismos militares que han fallado en 24 años serán los que le acompañen en su gobierno aplicando la misma fórmula –el uso de la fuerza –que ha fallado en el pasado.

¿Hacia dónde va el país en materia de seguridad? Todo indica que el rumbo todavía no es claro.

Una realidad sí es clara: López Obrador gobernará entre el poder del narco y el de los militares.

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Por Ricardo Ravelo.
Ricardo Ravelo Galó es periodista desde hace 30 años y se ha especializado en temas relacionados con el crimen organizado y la seguridad nacional. Fue premio nacional de periodismo en 2008 por sus reportajes sobre narcotráfico en el semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca durante quince años. En 2013 recibió el premio Rodolfo Walsh durante la Semana Negra de Guijón, España, por su libro de no ficción Narcomex. Es autor, entre otros libros, de Los Narcoabogados, Osiel: vida y tragedia de un capo, Los Zetas: la franquicia criminal y En manos del narco.

11,101. EL EJÉRCITO EN LAS CALLES.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Epigmenio Ibarra.
SinEmbargo. Agosto 31, 2018.

El reto de AMLO será contener al ejército. Foto: Cuartoscuro.

De la guerra -se podría decir-, yo hablo y escribo siempre en primera persona. Y lo hago porque la conozco, la he vivido, la he sufrido en carne propia.  Estuve muchas veces bajo fuego a lo largo de 12 años, en distintos frentes de guerra. Han silbado más balas a mi alrededor que las que han silbado en torno a esos arrogantes generales y almirantes que hoy, desde sus oficinas blindadas, dirigen la guerra en México.

Yo no fui como ellos al Colegio Militar. No soy diplomado de Estado Mayor, pero he entrevistado a jefes militares legendarios por su audacia, por su manera de dirigir operaciones en el terreno. Supe escucharlos y, sobre todo, aprender de ellos enfrentando los mismos riesgos que ellos enfrentaban en el campo de batalla.

Con la cámara al hombro crucé muchas veces la tierra de nadie y documenté a uno y a otro bando en varias guerras. Estuve con las guerrillas y también con los ejércitos gubernamentales en Centroamérica y Colombia donde registré, además, los más sangrientos días de la guerra de los extraditables. Me dispararon y me acogieron tanto serbios como bosnios en la antigua Yugoslavia. Anduve, en el Golfo Pérsico, con el ejército norteamericano, con los insurgentes chiitas en el sur de Irak y con las tropas de Sadam Hussein en Bagdad.

He sido, por décadas, un ávido lector de cuestiones militares y, atenido a aquello de que la violencia es la partera de la historia, me he dedicado a analizar conflictos del pasado y del presente. Pero no soy un intelectual; soy simplemente un testigo. Alguien que habla de lo que ha vivido.

Y lo que he vivido en la guerra, que para los generales es gloria, poder y negocio, para mí sólo ha sido sangre, olor a pólvora y mierda. Ahí, lo que más me ha marcado como hombre es el dolor inmenso que provoca. El dolor de las víctimas civiles, de esas y esos que no son, casi nunca, parte de la historia, que apenas engrosan la estadística de las llamadas bajas colaterales.

Yo estuve en El Mozote, en el Nororiente salvadoreño, antes y después de la masacre que borró a ese pequeño pueblo del mapa. Vi cuando desenterraban los despojos de los 553 menores de edad -477 con menos de 12 años-, asesinados ahí por el batallón Atlacatl del ejército gubernamental. Yo filmé a mujeres, con sus hijos enracimados, clamando al cielo desde donde los helicópteros artillados disparaban. Yo, como diría León Felipe, ya me sé todos los cuentos.

Con esos gritos, con ese llanto que no cesa, con ese dolor a cuestas, tatuado en lo más profundo de mí, es que regresé a México dispuesto a hacer cuanto fuera necesario para evitar que ese infierno, que llegó de la mano del infame de Felipe Calderón, se instalara entre nosotros. Fracasé, fracasamos. Ese horror que quería evitar ya está aquí y aumentado con creces.

Felipe Calderón, que deberá responder ante la historia y también (en eso habré de empeñarme) ante la justicia, dio, de manera criminal e irresponsable, una patada al avispero. Sin preguntarse siquiera por la capacidad de reposición de bajas del narco, el tamaño y la calidad de su base social, o su capacidad logística y financiera, se lanzó a combatirlo a sangre y fuego, desplegando a decenas de miles de efectivos del Ejército y la Marina a lo largo y ancho del país. Traicionó así a México al desatar una guerra por encargo de Washington, que hoy sigue poniendo las armas y los dólares mientras nosotros ponemos los muertos.

Desde la primera operación ofensiva lanzada por Calderón en Michoacán advertí que la guerra sería tan cruenta como inútil y que el poder de fuego de las fuerzas armadas sólo provocaría una escalada en el poder de fuego del narco. Dije también que el ejército, que se mueve con la pesadez y la lentitud característica de las fuerzas regulares, como un elefante en cristalería, tendría un modo de actuar previsible y sería fácil de burlar.

La presión sobre los mandos para obtener resultados, detener capos, desmantelar organizaciones, por parte de Calderón, un megalómano urgido legitimidad; así como la frustración al perseguir a un enemigo elusivo, y el enorme poder de fuego en manos de soldados sin entrenamiento para ejecutar tareas propias de policías y que habrían de moverse entre la población civil, terminaron por configurar la tragedia.

12 años después, con más de 260 mil muertos y 40 mil desparecidos, con 345 mil desplazados por la violencia y más de un millón de familias destrozadas, la droga sigue cruzando al norte, los dólares y las armas siguen cruzando al sur, los carteles actuando impunemente y el Ejército y la Marina violando sistemáticamente los derechos humanos.

No nos equivoquemos. No sólo fracasaron Calderón, Peña, que siguió sus pasos, los jefes militares y navales que no tuvieron el patriotismo de cuestionar las órdenes presidenciales y replantear la estrategia… fracasamos todos por no detenerlo, fracasamos como país.

Desaparecieron, en medio del enfrentamiento entre fuerzas armadas y narco, prácticamente todos los cuerpos policiales, el aparato judicial corrió la misma suerte, se produjo un colapso definitivo de las instituciones responsables de procurar justicia y prestar seguridad a los ciudadanos. Para muchas personas en las zonas más violentas de México, la única alternativa ante el retiro de la tropa sería armarse para resistir o abandonar su casa, su tierra, sus negocios, huir.

Ese es el México que recibirá Andrés Manuel López Obrador, un México que se nos deshace entre las manos, un país en el que enfrentamos una trágica paradoja: si continúan soldados y marinos en las calles no habrá paz y si, por el contrario, regresan de inmediato a sus cuarteles, no habrá seguridad en muy amplias zonas del territorio nacional.

Poca gente conoce México como López Obrador, ningún político ha escuchado tan de primera mano los testimonios de quienes son víctimas de la inseguridad en todo el territorio nacional, ningún gobernante ha tenido, por otro lado, su sensibilidad ante el sufrimiento de las mayorías y la claridad para establecer la relación profunda entre corrupción y violencia.

Su objetivo declarado es pacificar al país. Está empeñado en lograrlo desplegando todo tipo de recursos, por más que algunas de sus propuestas escandalicen a quienes -sabiendo muy poco de la guerra- las simplifican groseramente con el propósito de golpearlo. Lograr ese objetivo no será ni fácil ni rápido.

Entramos, el 1 de diciembre, a un complejo periodo de transición en el que habrá que reconstruir prácticamente todas las policías, desde la federal hasta las de los municipios mas pequeños, así como los aparatos de procuración de justicia. López Obrador tendrá que ir conciliando entre lo que soñó y lo que puede hacer, sin perder el objetivo de conseguir cuanto antes lo soñado.

No me gusta nada la idea, luche y seguiré haciéndolo porque los militares regresen a sus cuarteles, pero entiendo que el retiro inmediato del ejército y la marina puede ser peligroso. Más peligroso sería, sin embargo, que el ejército mantuviera la doctrina que ha prevalecido los últimos 12 años y continuara librando una guerra de exterminio. Sé que el nuevo Presidente no habrá de ordenar ni a militares ni a policías empeñarse en actos de represión. La paz, como él dice, es fruto de la justicia y ni una ni otra se consiguen a punta de fusil.

El reto de López Obrador, como comandante supremo de las fuerzas armadas, será contener al ejército y la marina, hacerlos seguir estrictos protocolos de uso de fuerza, someter a la justicia civil a mandos que se han involucrado en violaciones a los derechos humanos, y cambiar sus órdenes radicalmente. Ya no se trata, como lo hicieron Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, de librar una guerra contra los cárteles sino de prestar seguridad a la población. De fuerza de combate han de pasar a ser fuerza de disuasión. No se apaga el fuego con gasolina.

A los cárteles habrá que combatirlos cerrando sus fuentes de financiamiento porque sin dinero, sin esas enormes cantidades de dinero, el crimen no se organiza, no se arma, no corrompe a gobernantes, jueces y funcionarios.

Hay que combatir a los cárteles obligando a Washington a combatir a las organizaciones criminales norteamericanas en su propio territorio. Éstas manejan en realidad al narco en toda América Latina, lo financian, lo arman.

Hay que hacer que la CIA deje de mandar en la Marina para que esta suspenda sus operaciones de aniquilamiento “selectivo”, reducir dramáticamente y supervisar los programas para proveer armas, tecnología y pertrechos a las fuerzas armadas, y evitar que jefes militares y navales se enriquezcan con la guerra.

Dicen quienes conocen al ejército mexicano que en él hay tres sectores: 1) el de aquellos que se formaron en la guerra sucia y operan, entre otros territorios, en Guerrero, donde cometió la mayoría de sus crímenes el general Acosta Chaparro y donde sus seguidores siguen cometiéndolos; 2) los “generales de oficina” a los que se les hizo fácil mandar a los jóvenes a matar y morir, y que aprovecharon la guerra de Calderón y Peña para hacer enormes negocios; y 3) aquellos nacionalistas herederos de la tradición cardenista.

Si esto es así, López Obrador deberá actuar tanto contra los criminales de la guerra sucia como contra los corruptos que estuvieron al mando en los últimos doce años. No tocarlos implicará ponerse en riesgo y sobre todo poner en riesgo a la población civil en las zonas donde soldados y marinos se mantengan en las calles. La única esperanza está -me parece- en que los militares honestos y patriotas que honren el legado del general Lázaro Cárdenas se sumen a las tareas de la 4ª transformación y colaboren en el esfuerzo de regresar, cuanto antes, a sus cuarteles.

La prioridad es ahora la seguridad; no la defensa. No se necesitan fuerzas regulares equipadas con armamento y tecnología para combatir un enemigo externo, ni generales, que ensangrentando al país, jueguen a la guerra. Necesitamos paz, necesitamos seguridad sin guerra. Necesitamos pronto, lo más pronto que se pueda, al ejército en sus cuarteles y transformado en una guardia nacional.

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 TW: @epigmenioibarra

Por Epigmenio Ibarra.
Periodista y productor de Cine y TV en ARGOS. Ex corresponsal de Guerra en El Salvador, Nicaragua, Colombia, Guatemala, Haití, El Golfo Pérsico, Los Balcanes. Ha registrado, con la cámara al hombro, más de 40 años de movimientos sociales en México y otros países.

11,100. SEXTO INFORME: COME TE VES ME VI.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Diego Petersen Farah.
SinEmbargo. Agosto 31, 2018.

Nadie es tan feo como en su credencial de elector ni tan guapo como en su Facebook, reza un adagio posmoderno que yo escuché por primera vez de María Marván. Lo mismo podemos decir de los presidentes: ninguno es tan inteligente como el día de su toma de procesión ni tan idiota como el día de su sexto informe. Como en la entrada de los panteones, en la banda presidencial debería estar escrito en letras de oro “como te ves, me vi; como me ves, te verás” como una advertencia al Presidente entrante de que el camino hacia la ignominia no tiene regreso, el que entra Presidente sale tarugo.

El sexto informe se ha convertido en el suplicio de los presidentes; viven los momentos más difíciles del ejercicio del poder justo cuando el poder los ha ya abandonado. Díaz Ordaz dio ahí su explicación a la represión del movimiento del 68 y asumir su responsabilidad histórica; Luis Echeverría tuvo que explicar una devaluación, la primera en más de 20 años que llevó el dólar de 12.50 a 20.50 dos golpes letales. López Portillo hasta lloró, claro después de haber nacionalizado la banca y establecido un control de cambios para fijar el dólar en 70 pesos, cuando en el mercado libre estaba arriba de cien; De la Madrid se enfrentó en el sexto informe al fantasma del fraude: Porfirio Muñoz Ledo, quien ahora entregará la banda presidencial, inauguró aquel día la moda de las interpelaciones que a la postre terminaría con los informes pomposos y “el día del Presidente”. Salinas se presentó al informe a con tres asesinatos a cuestas y el país en vilo. Zedillo es quizá el único que entregó un país mejor del que recibió, porque lo recibió hecho un desastre. En el último informe de Fox el fantasma del fraude volvíó rondar y López Obrador tenía paralizada a la ciudad de México. Finamente Calderón llegó al sexto informe vituperado por su política de seguridad y después perder la elección frente al PRI. A Peña le toca mañana.

¿Hay algo que no sea fracaso en el gobierno de Peña Nieto? Podemos decir que Peña hubiese sido un gran Presidente en el Maximato, es decir, si solo hubiera durado dos años. Los primeros 22 meses fueron de una eficiencia política digna de admiración y que lució doblemente tras doce años de ineficiencia política de los gobiernos del PAN. Después, lo mató la frivolidad. El gobierno fue incapaz de leer la indignación social y las respuestas del Presidente lejos de reducirla solo ayudaron a incrementarla. Los hombres de la eficiencia política del siglo XX no estaban preparados para andar en los suelos gelatinosos de la posmodernidad y las redes sociales. Peña nunca entendió que México había dejado de ser corporativo.

Mañana, durante la grabación del mensaje a la nación, seguramente Peña se acordará cómo veía a Calderón, pero, sobre todo, lo seguro que se sentía de si hace seis años. Se acordará que, él también, confundió el poder con la inteligencia, y la estupidez con la ausencia de poder.

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Por Diego Petersen Farah.

11,099. MARTÍN SAMAGUEY Y MORENA, COMIENZA LA PRUEBA DE FUEGO.


Reporte- Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Martín Samaguey y Morena, comienza la prueba de fuego.


Estoy a favor de un gobierno que sea vigorosamente frugal y sencillo. Jefferson, Thomas

La cuarta república comenzó a operar a nivel municipal, al menos en los municipios gobernados por Morena. A Jacona y Zamora llegan dos jóvenes con el mismo origen partidista, Adriana y Martín, ¿qué se puede esperar de ellos?

El pueblo ha expresado en múltiples formas su rechazo a las viejas formas de hacer política, así como a nivel nacional se espera mucho de López Obrador y su gobierno, a nivel municipal se espera que Martín Samaguey marque la diferencia, en cuanto a Adriana, también se  espera que responda a las demandas del pueblo y rompa con los vicios de un partido que si no cambia, continuará cuesta abajo en agonía.

En su plataforma electoral y el programa de gobierno, Morena afirma tener una nueva visión del país que se propone romper con una tendencia de bajo crecimiento económico, incremento de la desigualdad social y económica y pérdida de bienestar para las familias mexicanas: “El estancamiento, el deterioro, la desigualdad y la corrupción no son los únicos destinos posibles. La facultad de cambiar nuestra circunstancia nacional, estatal y municipal, siempre ha estado en nuestras manos”.

Se espera que Martín ratifique los compromisos contraídos por él y por Morena en su primera aparición como alcalde de Zamora. Ya se sabe que Morena, la esperanza de México, ha enarbolado la bandera de la lucha contra la corrupción, es decir de dar prioridad a la honestidad y la transparencia en sus decisiones como gobierno. La plataforma de Morena reitera los principios expresados por López Obrador desde hace 18 años y se manifiesta contra la idea de Peña Nieto de que los mexicanos somos corruptos por naturaleza: “La corrupción no es, como se ha dicho, un asunto cultural ante el cual debemos resignarnos, ni una forma de ser de los mexicanos en general, sino una desviación de los gobernantes que puede y debe ser erradicada”.

No se trata de hacer reformas y más reformas a la Constitución, dice Morena, sino sencillamente respetar la ley, si hay voluntad para aplicar la ley “se puede atacar la impunidad de raíz”, para ser congruente con la plataforma electoral de Morena que es al final de cuentas la razón por la que los zamoranos votamos por Morena, Martín deberá atender la demanda de transparencia y rendición de cuentas, uno de los factores que junto con la impunidad, ha generado un explosivo crecimiento de la impunidad.

“Se deberá buscar la reorientación de presupuestos públicos que actualmente se asignan y ejercen de manera opaca, sin evaluación ni rendición de cuentas”, se lee en el documento base de Morena que adolece de una referencia más clara hacia los municipios que son el nivel de gobierno más cercano a los ciudadanos.

Aclarar la tarea de los gobiernos de Morena a nivel municipal, compete a los alcaldes que desde ya comienzan a asumir el reto de aterrizar los grandes principios de la plataforma electoral de Morena a la realidad más inmediata de los ciudadanos.

Martín enfrenta la responsabilidad de transformar estructuras caducas que responden a viejos intereses creados, una de ellas sin duda trascendental, es la relación con los medios de comunicación (de difusión) en donde el tradicional chayotazo deberá de erradicarse no sólo en la relación con los reporteros que recurren a esa práctica con el argumento de los paupérrimos sueldos que les pagan, sino con los directivos de los medios que han sobrevivido gracias al chayote y a tergiversar (o callar) la información de acuerdo al agrado del presidente municipal.

Transparencia es una palabra muy mentada entre los políticos, pero pocos de ellos conocen su significado y menos aún están dispuestos a aplicarla en sus administraciones.

Para Martín deseamos lo mejor como persona, y a su gobierno que cumpla con las altas expectativas que generó, para bien de Zamora y los zamoranos.