sábado, 15 de septiembre de 2018

11,173. ¿CRITICAR POR CRITICAR?


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Jorge Alberto Gudiño Hernández.
SinEmbargo. Septiembre 15, 2018.

Andrés Manuel López Obrador, Presidente electo. Foto: Saúl López, Cuartoscuro.

Esta semana participé en una discusión que parecía bizantina. Fue dentro de uno de esos chats que surgen de la escuela de mis hijos. No era el grupo de papás de cada salón que se renueva cada año sino uno en particular, con media docena de participantes, que cada tanto nos convoca a cenar o a reunirnos. Somos, pues, amigos recientes. De esos que sustentan su amistad a partir de la de sus hijos y consiguen trascenderla. No somos, sin embargo, de esos a quienes acudimos cuando tenemos un problema grave, un conflicto emocional o queremos continuar un diálogo propiciado por una amistad fundada muchos años atrás; no es esa nuestra clase de intimidad.

Durante la campaña presidencial tuvimos desertores que no comulgaron con la idea de algún otro dentro del grupo. Los ánimos se encendieron, es verdad, pero con respeto. También con argumentos. Había una corriente que apoyaba el cambio y otra que optaba por la continuidad. No es difícil imaginar las descalificaciones o defensas hacia uno u otro candidato. A fin de cuentas, todos tienen una parte oscura. Tras la elección, apenas habíamos hablado del tema. Entre la contundencia del resultado y las vacaciones escolares estuvimos varias semanas en silencio. Esta semana se rompió al fin.

Alguien comentó algo sobre la cuarta transformación. Yo me sumé a la crítica pues me parecía que mi interlocutor estaba en lo cierto. Acto seguido, una andanada de críticas contra mi postura estuvo a punto de sofocarme. ¿Cómo me atrevía a ser crítico de un Gobierno al que yo había apoyado para convertirse en tal?

No transcribiré las intervenciones de cada uno de nosotros. Tampoco la discusión en sus puntos más enardecidos. Sin embargo, me atrevo a reproducir el argumento central de mi postura: critico aquello que me parece mal, intento fundar mi crítica con razones, sin importar que provenga de uno u otro político, partido o ideología. Así, me parece mala la consulta sobre el aeropuerto, vergonzoso el asunto del Gobernador verde, ridícula la falta de protección al Presidente electo o sus viajes en vuelos comerciales y podría seguirme un buen rato.

¿Tengo derecho a criticar cada una de estas decisiones si yo voté por él? Me parece que sí. Es más, no sólo tengo derecho sino que me atrevo a pensar que es parte de mi obligación como ciudadano. No es que me quiera curar en salud, como alguien sugirió en el chat, porque no soy responsable de cada una de esas decisiones así como no me atrevería a culpar a ningún votante de los presidentes anteriores por cada uno de sus errores.

Siempre he defendido el diálogo y la discusión. También la crítica. Lo primero que hago cuando termino de escribir una novela es enviársela al más crítico de mis amigos. Me parece que es una buena forma de encontrar los errores que se me pasaron por alto. Ojalá que este Gobierno, el nuevo o cualquiera de los venideros, sea capaz de entender así la crítica, cuando está bien fundada y no es malintencionada: como una forma de señalar lo que está mal y aún puede corregirse.

Mientras eso sucede, ya hemos acordado en el chat en cuestión que nos veremos para platicar, celebrar el regreso a clases y, supongo, para seguir discutiendo.

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Por Jorge Alberto Gudiño Hernández.
Lee y escribe. Lleva años conduciendo “La Tertulia” y muchos semestres dando clases a universitarios. Le queda claro, tras tantas palabras, que tiene pocas certezas. De ahí que se declare “Parcial y subjetivo”. Su novela más reciente es “Instrucciones para mudar un pueblo” (Alfaguara).

11,172. COGER POR CONSENSO.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Alma Delia Murillo.
SinEmbargo. Septiembre 15, 2018

“Después de la orgía”. Escultura de Fidencio Lucano Nava. Foto: Carmen Contreras.

La semana pasada escribí en este espacio una columna que llamé ¿Coger con ganas o coger con protocolo?

Mi cuestionamiento generó una conversación en el espacio digital y provocó varias respuestas interesantes, entre ellas la de la columnista Valeria Villa y esta, de Carmen Contreras, que aquí comparto con inmensa alegría: abrimos espacio para discutir diferencias en torno al neo-feminismo y la libertad sexual de las mujeres.

Alma, es cierto lo que dices: “el cuerpo nos determina”. Agregaría que el sexo no es sólo Biología que nos clasifica a las personas como pene o vagina; como seres capaces o incapaces de reproducirnos. El cuerpo tiene un significado social y el sexo da pie a relaciones de poder. Sociedad y poder, entonces, también nos determinan al desear, excitarnos y querer aceptación. Además, las formas en las que deseamos y obtenemos placer cambian durante nuestra vida y hay un peso de la cultura y la Historia en el cauce de nuestras pasiones.

El feminismo y sus distintas variantes (liberal, marxista, culturalista, psicoanalista, activista) ha contribuido a hacer visibles las relaciones de poder entre mujeres y hombres en la cultura, la economía, la política y su influencia en el sexo, entendido como el juego entre nuestras identidades de género para cogernos, masturbarnos y erotizar el cuerpo de la persona que deseamos. Estos feminismos no pretenden “normar” el sexo, al contrario, siempre han ido remando contra corriente sobre lo normado y las prescripciones de los grupos conservadores. Han puesto en evidencia que durante varios siglos, —desde la “perversa” Eva—, a las mujeres se nos ha negado la capacidad del placer por el placer, coger por el gusto de coger, sin el fin social de ser esposas, madres y formar una familia bajo un modelo que se considera el “ideal”, llamando a aquellas que están fuera de este ideal “defectuosas y mal nacidas”, como diría Santo Tomás de Aquino. Los feminismos han expuesto los abusos cometidos bajo las relaciones de poder, en donde los hombres tienen ventajas por el hecho biológico de ser hombres y también nos han explicado por qué hay competencia entre mujeres para lograr la consideración de los hombres.

Dices en tu columna: “Me preocupa, mucho, la confusión del abuso o el hostigamiento con el deseo” y creo que en lo concerniente a los feminismos, no hay tal confusión. No han pretendido hacer un manual para limitar el deseo, pero desde Simone de Beauvoir, hay una amplia literatura que muestra que el sexo bajo el yugo de la obligación y la culpa es una muerte en vida. Han buscado que conozcamos (mujeres y hombres) nuestro cuerpo, ser capaces de sentirlo y aceptarlo como es, fuera de los estándares sociales, para llegar a la cama con otro u otra por una libre decisión de ambas partes. Como Kate Millet lo decía: un amor entre seres libres y no un amor que sea opio de las mujeres. Las corrientes del pensamiento feminista no persiguen quemar los libros de Marguerite Duras, o prohibir las canciones de Maluma, pero sí han estado en contra de que las personas sientan pena y frustración por no parecerse a los modelos inalcanzables e irreales del sexo que presenta la pornografía: sexo con fluidos transparentes, entre personas sin barriga, con enormes falos, tetas y pubis y que parecen gemir como androides programados.

Los feminismos se han puesto a indagar sobre el poder a través del sexo, dinero e “influencias” para cometer abusos principalmente contra niñas, niños y mujeres. Han tenido la crudeza para mostrar que no todas las relaciones sexuales son bajo consenso. Se han puesto a normar para atacar el abuso de poder, como el que se da cuando un adulto se masturba frente a una joven en el Metro. Ataca el abuso de poder porque obstaculiza la realización de los derechos de otras personas. Es cierto que “…existen grupos que se empeñan en dictar reglas de conducta para decir cómo hay que empatizar, moralizar, amar y desear.” Pero esos grupos no se derivan de los feminismos de los que hablo. Dichos grupos se parecen más a los pro-familia que buscan anular las leyes que reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo o las lecciones de sexualidad en los libros de texto. Esos grupos se llaman así mismos “preservadores de la moral y del orden social” que les reporta ganancias.

Los feminismos han atravesado por siglos de pensamiento social y filosófico para cuestionar el poder y hacerse esta pregunta: ¿Por qué no tenemos aún las condiciones de coger por el placer de coger bajo el consenso claro y explícito que merece toda persona? Hoy, muchas mujeres de la nueva ola feminista (con recursos y tiempo), han creado un feminismo líquido (tomo el concepto de Zygmunt Bauman). Este feminismo está muy presente en las redes sociales. Carece de humildad para acercarse a la realidad de mujeres menos privilegiadas. Se interesa en protagonizar y hace hilos sobre anécdotas individuales sin detenerse a tomar oxígeno para el análisis. Confía más en un número de seguidores que en la maduración de las ideas.

El “feminismo líquido” nos enfrenta a la necesaria auto-crítica, que si se deja de lado, nos meterá en un monólogo inútil.

A mí, Alma, te confieso, eso es lo que me preocupa. Carmen Contreras.

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Por Alma Delia Murillo.

11,171. 1) -FIN DE LOS PRIVILEGIOS. 2) -AHÍ ESTÁ EL PEP GUARDIOLA.

Reporte- Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

1) -Fin de los privilegios. 2) -Ahí está el Pep Guardiola.

“El régimen de privilegio aplicado a los elevadísimos salarios de la
alta burocracia había fenecido”.

1) -Pablo Gómez (Foto), senador de Morena que hace 7 años presentó la iniciativa de ley aprobada el miércoles, esta vez, a pesar de la oposición del PRIAN y del Movimiento Ciudadano (MC) los diputados de Morena, el partido Encuentro Social (PES), que está a punto de perder su registro y el Partido del Trabajo (PT), aprobaron una minuta de ley para que nadie en el gobierno goce de un salario mayor al del Presidente.

Todos los están incluidos, los del poder legislativo federal y sus entes públicos, los tribunales administrativos de la federación, de la procuraría general de la República, Presidencia de la República y las dependencias federales, todos recibirán una remuneración adecuada e irrenunciable por el desempeño de su función, empleo, cargo o comisión, proporcional a sus responsabilidades, pero no más que el presidente de la república.

Se espera la reacción de los magistrados de la suprema corte, que se sienten intocables y que seguramente interpondrán alguno de tantos recursos que conocen tan bien, los ministros junto con los magistrados y jueces del poder judicial de la federación son el grupo de privilegiados conocidos como “la burocracia dorada”, sujetos que ganan más que el presidente de la república y que impusieron un precedente negativo.

Y es que, con el cuento de la autonomía de los Estados y de los Municipios, gobernadores y alcaldes hubo que ganaban o ganan, cientos de miles de pesos. Se espera que con la  ley aprobada en la cámara de diputados terminen los abusos de gobernantes de los tres niveles que se adjudicaban sueldos que ya quisiera un noble o un príncipe europeo.
En un país en donde la mitad de los mexicanos están en condiciones de pobreza y cada vez es más precario el salario, el sueldo súper inflado de ministros, magistrados, alcaldes, gobernadores, diputados y senadores, es inmoral e inhumano.

2) -Hay un grupo de privilegiados que ganan más, mucho más que el presidente de la república, algunos de ellos son analfabetas y mal educados, pero igual ganan sueldos infladísimos, son los señores entrenadores de fútbol que ganan en una hora lo que un obrero gana en un año en México. Está bien que les paguen hasta la risa, los equipos de fútbol son empresas privadas (algunos como los Pumas de la UNAM, viven de nuestros impuestos), al fin que los dueños pueden hacer con su dinero lo que les plazca.

Los que más ganan son de ligas como la de Inglaterra, España o Italia, se llevan cada año entre 4 y 5 millones de euros, pero en México no cantamos mal las rancheras, uno de los entrenadores que más gana es Ricardo El Tuca Ferreti con ingresos de hasta 3.8 millones de dólares anuales, los que le siguen ganan alrededor de 2 millones de dólares cada año.

No importa si al final no lograste tus metas, si un entrenador es echado de un equipo, recibe una parte considerable de su contrato anual.
Los que no se miden son los entrenadores de la selección nacional de fútbol, el colombiano Osorio ganaba casi 24 millones de pesos anuales, como se sabe el colombiano no logró su meta y una vez más el Tri se quedó en el grupo de los mediocres, pero eso no importa, lo que importa es que el negocio siga adelante.

Si de cualquier modo van a pagar una millonada ¿porqué en vez de traer a entrenadores extranjeros mediocres como el colombiano Osorio o mexicanos como el Piojo Herrera, se traen a un entrenador capaz? Ahí está el español Pep Guardiola, actual entrenador del Manchester City que recientemente afirmó que le gustaría entrenar a una selección nacional.

En vez de rogarle al berrinchudo y mal educado Tuca Ferreti, que contraten al español, a ver si hace el milagro de convertir al Tri, de un equipo mediocre e irregular, un equipo con mentalidad ganadora.

11,170. CAMI, YO Y EL BETULA.


Por el Dr.(c) Washington Daniel Gorosito Pérez.
Docente, investigador, ensayista, articulista y poeta.
Desde el Estado de Guanajuato. México. Para
Tenepal de CACCINI

Para Cami con el amor de Papá.
Dr. (c) Washington Daniel Gorosito Pérez.




*****
A lo lejos se divisa
como un barco en miniatura
caminamos por la costa
y descubrimos el Betula.

Una mañana serena
con un cielo bicolor,
un espejo de blanca espuma
y de agua bien azul.

El agua tibiecita
masajea los tobillos
y borra frágiles huellas
mientras de tanto caminar
el sol malhumorado
nos empieza a calcinar.

Distinguimos claramente
una coraza desnuda
golpeada por el oleaje
y la brisa marina salvaje.

Leemos con dificultad su nombre
pese al óxido del casco,
Betula fue bautizado.

Los golpes de la marea
y el colérico Eolo
lo hicieron naufragar
llego hasta casi la orilla
como un regalo del mar
tipo caballo de Troya
pues traía en su enorme vientre
una carga mortal.

Unos maderos juntamos
entre rocas grisáceas saladas
y varios clavos oxidados
de gran tamaño.
Vestigios…
que tus dotes artísticas
y dulce creatividad
construirán un Betula
que descansará en nuestro hogar
donde encontrará buen puerto
y nunca naufragará.

Ese navío que atracción turística fue
en la costa del hermoso Michoacán
cuentan que de todas partes
lo venían a observar.

Un día Neptuno furioso
entre bruma, ventisca y sal
lo reclamará en su seno
y lo azotará el vendaval.

A la gran masa de hierro
nuevamente engullirá
obligándola a navegar
el ancla del tiempo izará
con sus historias de puerto y mar
las gaviotas muy blancas
lo escoltan
en su travesía final.

viernes, 14 de septiembre de 2018

11,169. LINCHAR Y RELINCHAR.


Enviado por SnEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Antonio Salgado Borge.
SinEmbargo. Septiembre 14, 2018.

 Entre 2012 y 2018 se han cometido más linchamientos que los ocurridos entre 1988 y 2012. Foto: Cuartoscuro.

Algo va muy mal en un país en el que cada vez más personas son linchadas. Algo va peor cuando un fenómeno de esta naturaleza es trivializado o abordado parcialmente.

Las cifras son impresentables. Entre 2012 y 2018 se han cometido más linchamientos que los ocurridos entre 1988 y 2012.1 Desde 2012, más de 376 seres humanos han sido linchados en nuestro país. En 2018 veinticinco personas han muerto linchadas y cuarenta intentos más han sido frustrados. 2

Si la cantidad de casos es novedad, también es extraordinario su nivel de publicidad. Y es que muchos de estos eventos no sólo han sido documentados con lujo de detalle en medios de comunicación, sino que se han transmitido en vivo en redes sociales por medio de teléfonos celulares. Así, rostros ensangrentados suplicando clemencia, golpes brutales a individuos acorralados o cuerpos quemados vivos han aparecido en los dispositivos de millones de mexicanos. Y con la publicidad, ha llegado la polarización, la discusión y los choques entre quienes son testigos virtuales de estos hechos.

Tal como explicó esta semana Elisa Godínez -investigadora y especialista en el tema- en un interesante artículo en “La Jornada” es un error común simplificar o pegar a los linchadores etiquetas como “salvajes” o “locos”. 3 Caer en esta tentación sería tanto como linchar por partida doble, pues a los linchadores se les estaría linchando en el discurso. Además, reducir a los linchadores o condenarlos sin entender su contexto no sólo no ofrecería ningún beneficio explicativo, sino que ocultaría y por ende impediría atajar las causas de los linchamientos.

Quienes linchan tendrían que ser castigados legalmente en todos y cada uno de los casos, pero la decisión de linchar a una persona no puede ser reducida a simplezas, como maldad inherente o delirios, ni a calificativos deshumanizantes o que oculten el contexto.

Pero, así como sería simplista linchar a los linchadores, también sería un error vociferar contra los linchados justificando o incluso celebrando su linchamiento. Sin embargo, fenómeno es común en algunas redes sociales, donde notas sobre estos casos suelen dar pie a que un grupo de individuos relinchen y aplaudan, enfáticamente y en automático, los linchamientos ocurridos: “a ver si así aprenden esas ratas”, “se lo merecen por criminales”, “bien por los habitantes de x” …

Desde luego, siguiendo esta lógica la única causa de los linchamientos serán siempre los linchados. “Si no se hubiera metido a robar”, se dice, “entonces no lo hubieran linchando”. Es fácil ver que este argumento tiene como defecto crucial la suposición de que el supuesto criminal es el único causante de su desgracia; es decir, la idea de que la turba que lo ha linchado no es causa –aunque sea parcial- del linchamiento, cosa que, claramente, es un sinsentido. Si se acepta que la turba es causa parcial, entonces automáticamente es necesario hablar de su responsabilidad.

En este sentido, hay quienes alegan que la falta de estado de derecho o la criminalidad sin freno justifican que un grupo de personas asesine a aquellos individuos encontrados sospechosos de haber cometido algún crimen. Este argumento tampoco se sostiene. Por principio de cuentas, confunde dos conceptos distintos: explicación y justificación. Pero suponer que la ausencia de estado de derecho o la criminalidad explica algunos linchamientos no implica necesariamente que los justifique.

Para ver por qué, es importante notar que justificar significa, en este contexto, convalidar, y no sólo describir una serie de causas de un fenómeno. Por ejemplo, la frase “el director técnico retiró al delantero del campo de juego porque estaba lesionado” es a la vez una explicación y una justificación de la acción del entrenador. Pero cuando se trata de fenómenos sociales, explicación y justificación pueden bifurcarse: explicar qué pudo llevar a un asesino serial a cometer una serie de crímenes no implica justificarlo.

Si bien lo anterior es relevante, no es necesario acudir a la confusión conceptual para responder al argumento de la alta criminalidad como justificación. Para fortalecer la posición de quienes defienden este argumento, supongamos por un momento que, como en el caso del entrenador y el delantero, en un linchamiento justificación y explicación no se bifurcan. Si este fuera el caso, entonces decir que los linchamientos son producidos por la criminalidad equivaldría lo mismo a explicarlos que a justificarlos. Pero el problema para quienes defienden esta posición es que los linchamientos en México no suelen ocurrir en las zonas con más criminalidad. Tal como Elisa Godínez ha documentado en un texto publicado en Horizontal, “los linchamientos en México son heterogéneos, ocurren en diferentes zonas geográficas y son protagonizados por colectividades diversas”. 4 Entonces, la criminalidad no es suficiente para explicar los linchamientos y, por ende, no los justifica.

Ahora bien, alguien podría decir que no es necesario unir explicación y justificación; que los linchamientos, explicables o no, son una forma de hacer justicia porque dan a cada quien lo que le corresponde: el criminal paga su crimen y sus víctimas pueden castigarlo. Esta es una línea de pensamiento que tampoco se sostiene. Supongamos por un momento que la “ley del Talión” es válida; es decir, que justicia implica que quien ha cometido una acción negativa pague con la misma moneda –ojo por ojo-.

Pero de acuerdo con un informe del instituto Belisario Dominguez: “En la mitad de los casos de linchamiento, las personas cometieron el delito de robo; un 16 por ciento atropellaron a alguien o tuvieron un accidente de tránsito; y un 7 por ciento fueron acusados de cometer violación, asesinato o secuestro.5 Es decir, el porcentaje de linchados que han cometido un delito grave es de menos de 7%”. Si aceptamos la idea de justicia descrita en el párrafo anterior, entonces claramente los linchadores estarían ejecutando un castigo desproporcionado e injustificado y, por ende, merecerían ser castigados en consecuencia.

Pero es posible rechazar los linchamientos en términos más sensatos. Los linchamientos recientes muestran que hay un buen número de falsos positivos. Así, la inocencia jurada de individuos acorralados –como encuestadores o campesinos- y sus peticiones de clemencia han sido desoídas. Esto es, varias personas han sido quemadas vivas o golpeadas hasta la muerte única y exclusivamente porque alguien los encontró sospechosos en algún momento y los señaló con su dedo flamígero –en directo o por Whastapp- pidiendo sangre.

Desde luego, hay quien ha argumentado que “bien lo vale”; que algunos justos pagarán por pecadores pero que, a la larga, la metodología funcionará. Pero a ello se podría responder que esta suposición es errónea. Esto es, que, a la larga, esta “metodología” es insostenible. La lista de formas de probar lo anterior es larga, pero consideremos aquí tres. La primera es que considerando la penetración del crimen organizado en el tejido social mexicano y la forma en que se ha llamado a linchar por Whatspapp es fácil ver que algunos grupos criminales podrían azuzar a un grupo de personas determinado para que linchen a uno de sus rivales.

La segunda es que este fenómeno puede enlazarse y hacer explotar conflictos existentes. Por ejemplo, de acuerdo con el testimonio de una persona que lo vivió de primera mano, recientemente en Yucatán –uno de los estados más pacíficos del país- durante un conflicto derivado de irregularidades en la instalación de una planta de energía solar se estuvo cerca de linchar a varias personas, incluida una reportera.

La tercera, y más importante, forma de probar que la “metodología” del linchamiento no es sostenible a la larga es que un Estado que ha perdido el monopolio de la violencia -ya no sólo ante organizaciones criminales, sino ante grupos de vecinos- equivale a una receta para las violaciones de derechos humanos, la ingobernabilidad y el desastre. Es decir, a buscar salir del hueco en que estamos metidos cavando más hondo.

Dada su publicidad e implicaciones, y considerando su creciente alcance, el problema de los linchamientos tendría que ser considerado prioritario y abordado, con la asesoría de especialistas y de la mano de las comunidades, por el nuevo gobierno federal en su proyecto de pacificación y de transformación. Por el momento, es claro que quienes nos gobiernan han optado por mirar hacia otro lado y dejar que linchadores y linchados -la mayoría de las veces personas olvidadas por el Estado desde hace décadas- se las arreglen como puedan.

Linchar a los linchadores no ayuda a entender y a atajar el problema de los linchamientos; relinchar a los linchados contribuye a fomentarlo y a perpetuarlo. Si bien estas dos fórmulas son, por fáciles, tendedoras, los linchamientos -sencillos o dobles- y los relinchamientos terminan enturbiando la realidad, normalizando la violencia y ocultando las responsabilidades del Estado.








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Por Antonio Salgado Borge.
Candidato a Doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Cuenta con maestrías en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y en Estudios Humanísticos (ITESM). Actualmente es tutor en la licenciatura en filosofía en la Universidad de Edimburgo. Fue profesor universitario en Yucatán y es columnista en Diario de Yucatán desde 2010.

11,168. LA INERCIA DE LA IMPUNIDAD.


Enviado por SinEmbargo.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Dolia Estévez.


SinEmbargo. Septiembre 14, 2018.
La sociedad mexicana reclama justicia para los culpables de actos de corrupción. Foto: Cuartoscuro.

Washington, D.C.— Con mínimo o nulo cumplimiento de la Convención de la OECD sobre cohecho, delito que implica la entrega de sobornos para corromper a cambio de favores, México se consolidó como país líder en ese crimen bajo el sexenio de Enrique Peña Nieto. De acuerde con el informe “Exportación de la Corrupción”, dado a conocer por Transparencia Internacional, de 44 países analizados, sólo 22 aprovechan la convención para investigar casos de corrupción internacional. México dista mucho de ser uno de ellos. Entre 2014 y 2017, abrió sólo tres investigaciones sobre cohecho, pero ninguna resultó en sanciones.

Uno de los casos referido en el informe que México investigó pero que languidece en el limbo legal, es el de Odebrecht, la gigante de la construcción brasileña cuyos niveles de corrupción desataron un escándalo que cimbró a la élite política y empresarial en varios continentes. Considerada la pesquisa de mayor calado en la perniciosa historia de corrupción de Latinoamérica, Odebrecht ha tenido consecuencias onerosas en varios países. Pero no en México.

El reporte de 160 páginas corrobora que altos ejecutivos de la empresa admitieron haber pagado 780 millones de dólares a funcionarios de 12 países. Odebrecht maquinó lo que el Departamento de Justicia estadounidense llamó, “un esquema masivo y sin paralelo de sobornos y licitaciones ilegales”. De ahí que esté siendo objeto de numerosas investigaciones y sanciones en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

Odebrecht y sus subsidiarias han sido multadas por millones de dólares y se ha dictado prisión a varios ejecutivos y cómplices. Marcelo Odebrecht, ex CEO de la compañía, fue condenado a 19 años de cárcel, condena que fue reducida a cambio de su cooperación. El vicepresidente de Ecuador Jorge Glas, fue sentenciado a seis años por aceptar 13 millones 500 mil dólares en sobornos.

En México, como es la costumbre, no pasa nada. Los funcionarios públicos y personas físicas y morales que incurren en ilícitos, no son investigados, perseguidos y castigados. No extraña, por tanto, que el expediente Odebrecht esté blindado. El principal implicado es parte del núcleo íntimo de Peña. Testimonios probatorios señalan a Emilio Lozoya, ex director Pemex, como presunto beneficiario de 10 millones de dólares en sobornos. Lozoya habría aceptado la suma multimillonaria entre abril de 2012 y junio de 2014, cuando era coordinador del área internacional de la campaña presidencial de Peña. A cambio, prometió contratos por 115 millones de dólares para obras en la refinería de Tula. Semanas antes de las elecciones presidenciales de julio pasado, The New York Times reveló que la PGR tenía pruebas suficientes para presentar cargos contra Lozoya, pero que rehusaba acusarlo por temor a perjudicar al candidato del PRI en la contienda electoral.

Para impedir que la investigación avanzara, el gobierno despidió a Santiago Nieto, jefe de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales que estaba a cargo del caso. En entrevista con The Wall Street Journal, Nieto delató un pacto de impunidad para proteger a Lozoya. Dijo que antes de su partida solicitó información bancaria a las Islas Caimán y documentos a autoridades brasileñas que implicaban a Lozoya. La petición no se concretó. El expediente Odebrecht-Lozoya sigue abierto pero en el congelador. Esperemos que no por mucho. La semana pasada, se informó que Santiago Nieto fue nombrado jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Pertrechado por abogados bien pagados, Lozoya se defiende como fiera herida. Interpone amparos y niega toda imputación. Culpa a sus acusadores. No hizo nada indebido. Es un hombre honorable. De buena cuna.

En países en los que la justicia no encubre los delitos de la élite gobernante, la información y testimonios que señalan a Lozano hubieran resultado en cargos penales en su contra o, en su defecto, en una exoneración. El sucesor de Santiago Nieto recientemente dijo que los implicados en Odebrecht serán llevados a tribunales antes del fin del sexenio. No dio nombres. Ver para creer. Si no lo han hecho hasta ahora, por qué habrían de hacerlo en el ocaso del sexenio que empeoró a niveles insólitos los índices mundiales de corrupción del país.

En su informe, Transparencia Internacional emite varias recomendaciones al gobierno entrante. Destacan enmendar la Constitución para asegurar la absoluta independencia de la PGR del poder ejecutivo, la adopción de mecanismos que vacunen al  poder judicial de móviles políticos y mayor compromiso para  resolver casos de corrupción en México y en el extranjero.

La sociedad mexicana reclama justicia para los culpables de actos de corrupción. Odebrecht es un caso emblemático que puede romper la inercia de la impunidad que se resiste al cambio. Descongelar el expediente y llevar la investigación hasta sus últimas consecuencia mostraría que nadie está por encima de la ley. De lo contrario, la corrupción continuará siendo uno de los mayores obstáculos para el Estado de derecho.

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Twitter: @DoliaEstevez

Por Dolia Estévez.
Dolia Estévez es periodista independiente en Washington, D.C. Inició su trayectoria profesional como corresponsal del diario El Financiero, donde fue corresponsal en la capital estadounidense durante 16 años. Fue comentarista del noticiero Radio Monitor, colaboradora de la revista Poder y Negocios, columnista del El Semanario y corresponsal de Noticias MVS. Actualmente publica un blog en Forbes.com (inglés), y colabora con Forbes México y Proyecto Puente. Es autora de El Embajador (Planeta, 2013). Está acreditada como corresponsal ante el Capitolio y el Centro de Prensa Extranjera en Washington.