lunes, 30 de septiembre de 2019

12,197. LA REVOLUCIÓN DE LA AGRICULTURA SIN TERRENO.


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Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.

Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI


Dicen los científicos que en algunos 200 años, el ser humano ya no requerirá de la agricultura, bastará una pastilla y será suficiente para vivir, y vivir bien.

Lo anterior puede ser si consideramos que el ser humano no requiere de cantidades enormes de alimento para vivir, otra cosa es la costumbre, el creer que mientras más se coma mejor estará de salud.

En tanto se llega a esos años, la agricultura es indispensable, ningún país puede
estar sin ella y el ser humano no puede subsistir sin alimentos provenientes de la tierra, del cultivo.

Es un hecho que se han incorporado nuevas técnicas y productos a la agricultura tanto para mejorar los productos que se obtienen como para abaratar su producción.

En la década de los ’60 el mundo se enfrentaba a un enorme reto alimentario. Las
técnicas tradicionales de agricultura se habían quedado obsoletas ante el imponente desafío de alimentar a una población mundial que se acercaba a los 3.000 millones de habitantes.

Ante esta crisis, aquellos años asistieron a la célebre “Revolución verde” de
Norman Borlaug, un ingeniero agrónomo estadounidense al que muchos consideran el padre de la agricultura moderna y posiblemente el ser humano que más vidas ha salvado en la Historia.

En apenas veinte años la agricultura cambió por completo.

Modernas tecnologías, nuevas variedades de semillas más resistentes a los climas extremos y plagas, novedosos métodos de cultivo, incorporación de métodos mecánicos, de riego y cultivo, a gran escala y la aparición de eficaces fertilizantes y plaguicidas fueron algunos de los elementos que revolucionaron las prácticas que se habían desarrollado en siglos anteriores.

Hoy, en pleno siglo XXI y con una población que ya supera ampliamente los 7.500 millones de habitantes, todos los expertos están de acuerdo en que necesitamos una nueva revolución para hacer frente a las crecientes necesidades globales… y es posible que ese nuevo giro copernicano provenga del país menos esperado: Japón.

Japón es uno de los países más densamente poblados del planeta.

Supera ampliamente los 127 millones de habitantes que se distribuyen sobre una pequeña superficie de apenas 377.000 km², aproximadamente la mitad que Francia y bastante más reducido que España y sus más de 500.000 km².

A primera vista no parece que el país del Sol naciente sea el más indicado para renovar la agricultura mundial, sin embargo esa sobrepoblación y falta de espacio están dando lugar a soluciones imaginativas e innovaciones tecnológicas importantes.

Tengamos en cuenta que en Japón como ahorra la mayoría de los países
Asiáticos, es el que en menor tiempo se ha recuperado de los estragos que le dejaron la Primera y Segunda Guerras mundiales.

Recientemente, la cadena BBC publicó un reportaje titulado “Cómo Japón está
revolucionando la agricultura sin tierra ni trabajadores” y son, precisamente, estos dos aspectos los que más interés han despertado en el resto de países.

Estados Unidos tuvo a su Borlaug en los ’60, y Japón tiene a Yuichi Mori y su agricultura con poco terreno y sin apenas mano de obra. En 2011, Mori planteó algunas de sus ideas en una magnífica charla TED: La Historia nos ha enseñado que, en muchas ocasiones, las mayores desventajas e inconvenientes empujan la innovación, la creatividad y las soluciones más originales.

Japón, movida por sus limitaciones, está llevando a cabo una serie de proyectos que responden precisamente a esos problemas: falta de espacio y recursos disponibles. Tal y como indican BBC: “película de polímero transparente hecha a base de un hidrogel permeable que ayuda a almacenar líquidos y nutrientes. Las plantas crecen en la parte superior de la película y las raíces se desarrollan a un lado. Además de permitir el crecimiento en cualquier entorno, la técnica consume un 90% menos de agua que la agricultura tradicional y no utiliza pesticidas ya que los poros del polímero bloquean los virus y las bacterias”.

Si tenemos en cuenta que en la actualidad la agricultura utiliza el 70% de la extracción de agua dulce del mundo, y cultivar alimentos para una sola persona requiere alrededor de 2.000 y 5.000 litros de agua al día, las técnicas de Yuichi Mori no solo solucionan la falta de terreno cultivable de Japón sino que ahorran una notable cantidad de agua dulce, un recurso que en el futuro será decisivo globalmente.

Granjas verticales que solucionan el problema del escaso terreno disponible para cultivo, drástica reducción del agua en agricultura, así como una menor utilización de fertilizantes y pesticidas.

Tres elementos que resultarán esenciales en las próximas décadas.

Pero las aportaciones de Mori no terminan aquí, su producción vertical incluye también un factor mecánico que reduce los costos en mano de obra y aumenta la automatización del sector agrícola.

El uso de sensores, drones, robots, e inteligencia artificial se incorporará en breve
al cultivo y recolección, haciendo que las duras laboras agrícolas sean más sencillas y rápidas.

Durante los últimos años han surgido compañías especializadas en esta nueva agricultura tecnológica y la variedad que podemos encontrar en nuestros días es ya enorme.

Empresas que desarrollan sensores muy precisos con los que poder controlar
automáticamente, la luz artificial, los nutrientes, el dióxido de carbono y la temperatura de cultivo hidropónico. Industrias tecnológicas que aplican sus drones y robots a la agricultura, ya sea para la fumigación, la recolección o el riego.

Compañía que presentan robots tractores, cortadores, recolectores… las posibilidades son innumerables y representan la nueva revolución verde que ya es una realidad.

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