martes, 1 de octubre de 2019

12,203. A 100 AÑOS DE LA MUERTE EN URUGUAY DEL ESCRITOR MEXICANO AMADO NERVO.

Por el Dr. (c) Washington Daniel Gorosito Pérez.
Docente, investigador, ensayista, articulista y poeta.
Desde el Estado de Guanajuato. México. Para
Tenepal de CACCINI

Sin lugar a dudas Amado Nervo, poeta, periodista, escritor con mayúscula, es una de las grandes figuras de las letras latinoamericanas.

Vio la luz por primera vez en Nayarit un 27 de agosto de 1870 y esta se apagaría en Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay un 24 de mayo de 1919. Nervo fue uno de los principales exponentes del Modernismo, el primer movimiento literario originario de América Latina y que tuviera alcance internacional, hasta que se fuera apagando después de la Primera Guerra Mundial.

Félix Rubén García Sarmiento, poeta, periodista y diplomático nicaragüense (Rubén Darío) es considerado el padre del Modernismo, quien elogiara al bardo mexicano por su estilo: “A usted se le lee siempre con gusto, porque es breve”. Como protagonista del fin del siglo, participó de la decadencia y las dudas, recibió la fuerza del Romanticismo, los temas misteriosos y exóticos del Simbolismo, y la búsqueda del arte por el arte según la experta Adriana Viaca.

El Modernismo fue la mixtura con lo decadente, grecolatino del Viejo Continente y el ocultismo y elementos de las culturas prehispánicas latinoamericanas.

Ese mestizaje entre tendencias europeas y lo mejor de espíritu amerindio, genera una verdadera revolución de métrica, versificación, imágenes y figuras poéticas iniciando velozmente una renovación estilística y temática.

El Doctor en Filosofía y Letras, Raúl Héctor Castagnino, docente, escritor y crítico, desde Buenos Aires se dedicó varios años a estudiar la obra del escritor nayarita y la dividió en tres etapas.

La primera en su Estado natal Nayarit, donde comienza a ejercer el periodismo y en Mazatlán, publica algunos poemas, gacetillas y reseñas de los bailes de la provincia.

La segunda etapa será su llegada a la Ciudad de México en 1894, donde colaborará en varios periódicos a la vez, publicará cuentos y se relacionará con escritores y figuras de la corriente modernista, entre ellos Rubén Darío con quien trabajará en la revista Azul e iniciará una gran amistad.

Al destacar en su labor periodística es enviado a Europa como corresponsal del diario “El Mundo”. En esta etapa se desarrolla su carrera de escritor y empieza a tomar relevancia, publicará varios libros y los “Cuentos misteriosos”, que muestran su gran talento como narrador y con los que se le considera el precursor de la literatura fantástica latinoamericana.

En la Ciudad Luz, conocerá el amor de su vida, en una calle del Barrio Latino a Ana Cecilia Luisa Daillez, que se convertirá en la compañera del poeta por más de una década hasta fallecer el 7 de enero de 1912.

Su fallecimiento fue descrito por el escritor como “la amputación más dolorosa de mí mismo”. Como consecuencia de este dolor escribe una de sus magnas obras: “La amada inmóvil”, que será publicada en 1922 de manera póstuma, dedicado a Ana Cecilia.

La tercera etapa es su reafirmación, se alejará en parte del Modernismo llevando su poesía a temas filosóficos.

Regresa a México siendo un poeta consagrado y se integra al Cuerpo Diplomático, siendo nombrado Embajador en España donde estará 13 años en Madrid, posteriormente será Embajador Plenipotenciario para Argentina, Uruguay y Paraguay.

Esa voz poética, cada vez más filosófica, inspirándose en el amor, la vida y la muerte. Esa muerte llegará para el poeta en la noche del 24 de mayo de 1919 en la habitación 42 del Parque Hotel de Montevideo, como consecuencia de una crisis renal. El día anterior es consciente que se está apagando lentamente y dice sus últimas palabras: “¿Por qué no abren esas ventanas para que entre luz? No quiero morir sin ver el sol”.

Regresemos a París donde Nervo vivió unos nueves meses con su amigo Rubén Darío. El poeta mexicano escribió: Le debo este hermosísimo y raro soneto escrito en 5 minutos en una noche de París, de esas en que una prematura alba azul de estío, en París las albas son azules, da un triste pensativo al oro loco del champagne.

Lo copio sin vanidad, y más que todo, por miedo de que se pierda: Amado es la palabra que en querer se concreta Nervo es la vibración de los nervios del mal: bendita sea y pura la canción del poeta, que lanzó sin pensar su frase de cristal. Fraile de los suspiros, celeste anacoreta que tienes en blancura l´azúcar y la sal: muéstrame el lirio puro que sigues en la veta, y hazme escuchar el eco de tu alma sideral.

Generoso y sutil como una mariposa, encuentra en mí la miel de lo que soy capaz; y goza en mí la dulce fragancia de la rosa. No busques en mis gestos el alma de mi faz; quiere lo que se aquieta, busca lo que reposa y ten como una joya la perla de la Paz. “Mi nombre de bautizo fue José Amado Nervo Ordaz, pero desde pequeño mi madre sólo me decía Amado, así que crecí siendo el Amado de mi dulce madre”.

Su nombre llamaba la atención el poeta, ensayista, narrador y diplomático dominicano contemporáneo de Nervo, Osvaldo Bazil, éste opinaba que es un nombre que quien lo viera por primera vez escrito, convencido quedaba que era un nombre de fácil incrustación en la memoria, en la historia y en la gloria de los pueblos…”Quien tal nombre llevare, contrae una responsabilidad histórica”. Indudablemente supo cumplir con creces el poeta y prosista mexicano.

Muchas veces su nombre era tomado como un seudónimo y según el propio Amado, era un elemento importante que influyó en su éxito literario, por ser un nombre tan adecuado para un poeta.

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